domingo, 6 de agosto de 2023

VIDA Y MUERTE DE KRISHNAMURTI - ESCRITO POR MARY LUTYENS - 19 -

 19 

«Usted tiene que apresurarse a comprender» 

En abril de 1983, K fue a Nueva York nuevamente, ofreciendo esta vez las pláticas en el Felt Forum del Madison Square Garden, que tenía una capacidad aún mayor que la del Carnegie Hall. 

Dos reporteros que lo entrevistaron para el East West Journal, comentaron: «Nos encontramos con un hombre atento y tímido que parecía dotado de una paciencia infinita, si bien al mismo tiempo exhibía una gran vehemencia y un sentido misionero... Su claridad y sus agudos comentarios nos abochornaron muchas veces, dejándonos con la sensación de que estábamos frente a un hombre verdaderamente libre que, sin proponérselo, había alcanzado lo que en mi sentir es un tipo de anarquía espiritual, una perspectiva profundamente moral y sagrada, por completo independiente de las ideologías o religiones ortodoxas». 

En la reunión de Ojai que siguió a las pláticas de Nueva York, se exhibió una película en color de largo metraje sobre la vida de K, que había sido filmada por Evelyne Blau, síndico de la American Foundation, y que le llevó cinco años de elaboración. 

Su título era The Challenge of Change (El Reto del Cambio) y fue dirigida por Michael Mendizza, con textos leídos por el actor norteamericano Richard Chamberlain. 

K permaneció sentado durante toda la exhibición, cosa rara en él porque jamas quería verse a sí mismo en televisión o escuchar sus entrevistas por la radio, del mismo modo que no quería mirar sus propios libros. 

Evidentemente, disfrutó de esta película con sus hermosas tomas de Suiza y de la India. 

El filme tuvo muy exitosas exhibiciones públicas en diversas ciudades de los EE.UU. 

Poco después de que K y Mary llegaran a Brockwood en junio, Dorothy Simmons sufrió un ataque al corazón. 

Aunque se recuperó bien, no pudo ya seguir cargando con todas las responsabilidades de la escuela, tal como lo había hecho magníficamente por catorce años. 

Se retiró, pero continuó viviendo en Brockwood con su marido, que también se había retirado unos años antes (1) . 

Finalmente, un joven norteamericano, Scott Forbes, casado con una muchacha sudafricana, Kathy, que enseñaba danza en la escuela, fue designado como nuevo Director. 

Scott era un joven dinámico que había estado trabajando en Brockwood por unos diez años, principalmente a cargo del video (que ahora contaba con un equipo de color). 

Había viajado mucho, viviendo un tiempo en París y manejando un negocio de antigüedades en Ginebra, antes de encontrarse accidentalmente con K cuando, por casualidad, fue durante un verano a Saanen. 

Se sintió cautivado escuchando una plática. 

Al ir a trabajar para K, cambió completamente su estilo de vida, en tanto que retenía su vitalidad. Cuando se le designó Director, su esposa asumió las responsabilidades del video. 

Estando todavía en Gstaad, después de la reunión de Saanen de 1983, K iba a conocer a una persona que haría posible la realización de lo qué para él era ahora su anhelo más preciado: construir en Brockwood un Centro para adultos, por completo independiente de la escuela, donde la gente pudiera ir con el solo propósito de estudiar su enseñanza. 

Este hombre de edad mediana era Friedrich Grohe, un alemán residente en Suiza, que cuatro años antes se había retirado de la empresa familiar conocida internacionalmente por su fabricación de grifos para baño y cocina. 

En 1980, la lectura de uno de los libros de K, La Pregunta Imposible, determinó de allí en adelante el curso de su vida, para usar sus propias palabras. 

Vino a ver a K en Tanneg, pues estaba ansioso de fundar una escuela Krishnamurti en Suiza. 

K lo disuadió de dar ese paso, explicándole lo difícil que era encontrar maestros. (Cuando K le preguntó si estaba casado y él le contestó que no, que estaba divorciado, K lo tomó del brazo y dijo: «Bien») (2) .

Al año siguiente, durante una visita a Brockwood, Friedrich Grohe sugirió que, en vez de fundar una escuela, él podría financiar la construcción del Centro de Estudios. 

K aceptó entusiastamente esta propuesta. 

Se eligió un lugar hermoso, cercano a la escuela pero invisible desde el edificio de la misma, con vistas ininterrumpidas hacia el sur sobre campos donde nunca podría edificarse nada. 

K encomendó a Scott Forbes la tarea de encontrar un arquitecto y obtener el permiso para el trazado de los planos. 

Después de un programa completo en la India durante ese invierno de 1983-84, en febrero K regresó bastante exhausto a Ojai y tuvo que lidiar con los problemas surgidos a raíz de la apertura de una escuela secundaria en Ojai, adyacente a la escuela primaria de El Robledal. 

En marzo, K fue invitado por el Dr. M.R. Raju, del National Laboratory Research Center (Centro Nacional de Investigaciones de Laboratorio) en Los Alamos, para que tormara parte en un simposio sobre «Creatividad en la Ciencia». 

Este centro de investigaciones atómicas en EE.UU., proporcionó a K un nuevo y estimulante auditorio. A las ocho de la mañana del 19 de marzo, habló por más de una

(1) Montagna Simmons falleció en 1986 y Dorothy en 1989. Doris Pratt también murió en 1989. (2) Friedrich Grohe fue designado posteriormente síndico de las Fundaciones de Inglaterra y la India. 

hora a cerca de 700 Científicos, sobre el tema de que el conocimiento jamás podría ser creativo porque era incompleto. 

Terminó diciendo: Ciertamente, la creación sólo puede surgir cuando el pensamiento está en silencio... La ciencia es el movimiento por el cual el conocimiento acumula más y más y más. 

El «más» es la medida, y el pensamiento puede ser medido porque es un proceso Material. 

El conocimiento tiene sus propias percepciones limitadas, su propia creación limitada, pero esto engendra conflicto. 

Estamos hablando de una percepción holística en la cual el ego, el «yo», la personalidad, no interviene en absoluto. 

Sólo entonces existe esto que llamamos creatividad. 

De eso se trata. 

A la mañana siguiente, K contestó preguntas a un auditorio más pequeño limitado a los miembros del Laboratorio Nacional de Los Alamos. 

De las quince preguntas que le fueron entregadas, contestó sólo la primera y la última. 

La respuesta a la primera pregunta: «¿Qué es la creatividad? ¿Qué es la meditación?», tomó casi toda la hora y media que se le había asignado y repitió mucho de lo que había dicho el día anterior. 

Acerca de la meditación, dijo: «La meditación no es meditación consciente. 

Lo que nos han enseñado es la meditación deliberada, consciente, el sentarse con las piernas cruzadas o acostarse repitiendo ciertas frases, lo cual es un esfuerzo deliberado, consciente, para meditar. Quien les habla dice que semejante meditación es un desatino. 

Forma parte del deseo. Desear tener una mente en paz, es lo mismo que desear una buena casa o un buen traje. La meditación consciente destruye, impide la otra forma de meditación». 

La última pregunta fue: «Si usted fuera el Director del Laboratorio con responsabilidad en la defensa del país, y reconociendo como están las cosas, ¿de qué modo dirigiría las actividades y la investigación del Laboratorio?» Esta fue, en parte, la respuesta de K: Si yo tuviera un grupo de personas que dijeran: olvidemos todo nacionalismo, toda religión, resolvamos como seres humanos este problema, tratemos de vivir juntos sin destruirnos; si dedicáramos tiempo a todo eso como un grupo de personas absolutamente consagradas que se han reunido en Los Alamos para un propósito y juntas se interesan en todas las cosas de que hemos estado hablando, entonces tal vez podría ocurrir algo nuevo... 

Nadie tiene una perspectiva global, un sentir global por toda la humanidad... no mi país, ¡por el amor de Dios! 

Si usted viajara por todo el mundo, como hace el que le habla, lloraría por el resto de su vida. 

El pacifismo es una reacción al militarismo, eso es todo. 

Quien le habla no es un «pacifista». 

En lugar de eso, consideremos la causa de todo lo que ocurre; si todos juntos buscamos la causa, entonces la cosa está resuelta. 

Pero cada cual tiene opiniones diferentes acerca de las causas y, se aferrara a sus opiniones, a sus pautas históricas. 

De modo, señor, que así están las cosas. 

Miembro del auditorio: Señor, si se me permite decirlo, creo que nos ha convencido usted.

Krishnamurti: No les estoy convenciendo de nada. 

Miembro del auditorio: Lo que quiero decir es que, una vez que realmente intentamos comprender esto y hacer algo en esa dirección, de algún modo parece faltarnos la energía necesaria... ¿Qué es lo que realmente nos retiene? Podemos ver que la casa se está quemando, pero aun así somos incapaces de hacer nada para detener el fuego. 

Krishnamurti: Pensamos que la casa que se quema está allá, pero está aquí. 

Primero tenemos que poner nuestra casa en orden, señor. 

(1) . En abril, K ofreció nuevamente pláticas en el Felt Forum de Nueva York, después de lo cual fue orador invitado en la Sociedad Pacem in Terris y habló en el Dag Hammarskjöld Library Auditorium de las Naciones Unidas. 

No dijo nada en esta ocasión que no hubiera dicho en ocasiones anteriores, aunque nunca se repetía exactamente en las mismas palabras (2) . 

Cuando K llegó a Brockwood esa primavera, encontró que habían instalado en su habitación un reproductor de discos compactos, lo cual fue una gran alegría para él. 

Beethoven era el compositor que escuchaba más a menudo y, en cercano segundo lugar, Mozart. 

Pero la música india, especialmente el canto, le gustaba igual que la música clásica. 

Después de la muerte de K, Scott Forbes me escribió: Por varios años yo había subido con frecuencia a su habitación [la de K] mientras él tomaba su desayuno, lo que hacía escuchando música.

 Acostumbraba sentarse en la cama con una bandeja en su regazo, y sus pies danzaban suavemente, casi invisiblemente bajo las sabanas al compás de la música. 

Y yo solía escuchar, o bien sólo una parte de lo que él escuchaba, o, en años posteriores, escuchaba con él la pieza completa. 

Ello no tenía nada que ver con el hecho de que era un maravilloso equipo estéreo; más bien se trataba de una cualidad de escuchar que iba mis allá de lo que yo estaba habituado, la que parecía ocurrir con naturalidad precisamente cuando escuchaba la música junto con él.

 (1) Los Alamos (folleto), Krishnamurti Foundation, England, 1985. (2) UN Secretarial News, 16 de mayo de 1984. y ESB, Nº 47. 1984. 

El Chalet Tanneg, infortunadamente, se había vendido, de modo que ya no podía alquilarse para las reuniones de Saanen. En su lugar se alquiló un chalet en Schönried, justo en lo alto de Gstaad, el cual fue abierto para K, como Tanneg lo había sido siempre, por Vanda Scaravelli y Fosca. 

A K estuvo lejos de gustarle tanto como Tanneg; continuó con sus habituales paseos vespertinos a través de un bosque hasta el río, pero ahora tenía que viajar en automóvil hasta Tanneg antes de empezar el paseo. Cada vez que llegaba al bosque, K solía preguntar en voz alta: «¿Podemos entrar?».

En septiembre de ese año, se encontraban en Brockwood para una asamblea internacional algunos de los síndicos de la India y de EE.UU. 

Scott Forbes había encontrado un arquitecto mientras K estaba en EE.UU., el cual ahora no sólo había trazado los planos sino que había construido un modelo, puesto que K no podía entender los planos arquitectónicos. 

Cuando K vio el modelo, le disgustó instantáneamente, dijo que parecía un motel. 

Los síndicos estuvieron de acuerdo. 

Antes que continuar con el mismo arquitecto, Scott decidió buscar otro. 

Las especificaciones eran un reto para cualquier arquitecto que quisiera apartarse de la apariencia de un motel: veinte pequeños dormitorios, cada uno con su propia ducha y un salón, un comedor, una biblioteca, cuartos para el personal, una cocina y, lo más importante de todo, una sala «tranquila». 

K había escrito: «Tiene que haber una sala donde uno vaya para estar tranquilo. Esa sala se usará solamente para eso... 

Será como un horno que da calor a todo el lugar... 

Si ustedes no tienen eso, el Centro se volverá un mero pasaje, con la gente yendo y viniendo, sólo trabajo y actividad. 

K insistió en que todo el material que se usara para la construcción tenía que ser de primerísima calidad, quería para todo el más alto nivel de excelencia. 

Después de intentar con distintos arquitectos, Scott Forbes supo acerca de Keith Critchlow al leer por casualidad un artículo que hablaba de él. 

En Inglaterra no había ninguna construcción hecha por Critchlow, pero éste mostró a Scott fotografías de sus trabajos en el exterior, la mayoría de ellos para edificios religiosos. 

En junio del año siguiente Critchlow fue invitado a Brockwood para que conociera a K, quien sintió inmediatamente que éste era el hombre indicado, más por su personalidad y su conversación que por sus diseños. 

Aunque inglés y miembro del Real Colegio de Arte donde enseñaba, Critchlow no estaba habilitado para practicar su profesión en Inglaterra; por lo tanto, se contrato a la firma inglesa Triad para que avalara sus planos. 

Una solicitud de autorización para los bocetos fue rechazada en febrero de 1985. 

Cuando en marzo se apeló esta decisión, se encontró que la solicitud había sido defectuosa, de modo que se anularon tanto la solicitud como el rechazo. 

Por lo tanto, se presentó otra solicitud en mayo, la que fue aceptada en agosto. 

Pero no fue sino hasta el 26 de febrero de 1986 que se aprobó la solicitud detallada. 

En el otoño de 1984, Mary Zimbalist tuvo que viajar de Brockwood a Roma por dos noches para visitar a una vieja criada italiana que había trabajado para ella en Malibú. 

A su regreso, K le dijo: «Cuando usted está lejos, es mucho más difícil para mí. 

Tiene que apresurarse a comprenderlo todo. 

Yo puedo vivir otros diez años, pero usted tiene que comprender». 

En esta época él solía decirle con frecuencia: «Usted tiene que sobrevivirme para cuidar de esta persona», refiriéndose a sí mismo de una manera completamente objetiva. 

Él sentía ahora, naturalmente, una gran urgencia por acercar a personas jóvenes y educarlas para que llevaran adelante esto después de su muerte. 

El 28 de octubre de 1984, K llegó con Mary Zimbalist a Delhi para alojarse por una semana con Pupul Jayakar. 

Tres días después era asesinada Mrs. Gandhi, que vivía en la misma calle. Este horrible suceso afectó el resto de la permanencia de K en la India durante ese invierno, aunque no le impidió ofrecer sus habituales pláticas en Rajghat, Madrás y Bombay ni hablar todos los días a los maestros y estudiantes en el Valle de Rishi durante las tres semanas que estuvo allí. 

Como era costumbre, en febrero de 1985 interrumpió en Brockwood, por cuatro días, su viaje de Bombay a Ojai. 

Cuando siguió vuelo a Los Ángeles el 17 de febrero, sólo le quedaba un año de vida hasta el mismo día del año siguiente. 

En marzo se hizo su examen clínico anual, esta vez a cargo de un nuevo médico joven, el Dr. Gary Deutsch de Santa Paula, a dieciséis millas de Ojai. 

Este médico había sido recomendado por un amigo de Mary cuando el médico anterior de K en Los Ángeles le aconsejó que tuviera un profesional más cerca de Ojai. 

K simpatizó inmediatamente con el Dr. Deutsch. Fue éste el médico que lo atendió en su enfermedad final. 

VIDA Y MUERTE DE KRISHNAMURTI - ESCRITO POR MARY LUTYENS - 18 -

 18 

«La terminación de lo conocido» 

Cuando en febrero K regresó a Ojai con su tremenda energía nueva, sentía que «no estaba siendo suficientemente utilizado». «¿Qué voy a hacer aquí por dos meses?» le preguntó a Mary. «Me están malgastando». 

Tal como ocurrieron las cosas, K encontró mucho que hacer en relación con la nueva escuela de El Robledal, hablando al cuerpo directivo y a los padres. 

Muchos padres se habían mudado al Valle de Ojai para que sus hijos pudieran asistir a la escuela y desempeñaron, en el funcionamiento de la misma, un papel mucho más importante que si se hubiera tratado de una escuela de internos. 

Mark Lee, un norteamericano que había enseñado en el Valle de Rishi y tenía una esposa india, fue el primer Director de la escuela. 

K ciertamente no fue malgastado cuando en marzo David Bohm vino a alojarse en Ojai y sostuvo con él ocho largas discusiones. 

Estas, junto con otras cinco que más tarde tuvieron lugar en Brockwood, se publicaron en 1985 bajo el título de The Ending of Time (1) , uno de los libros más importantes de K puesto que despertó el interés de un público nuevo. 

Las conversaciones, con sus agudas preguntas y respuestas, no se prestan a citas. 

El desarrollo de las ideas que en ellas se expresan es muy pausado. 

Abordan tanto la terminación del pensamiento como la terminación del tiempo, es decir, del pensamiento y el tiempo psicológico, que son el pasado. 

Todo lo que liemos aprendido, todo lo que somos, el contenido total de nuestra conciencia, es el pasado que se almacena como pensamiento en nuestra memoria, y ese pasado que llena desordenadamente el cerebro implica que no hay verdadera percepción, porque todo es visto a través de una nube de pensamientos que deben estar siempre limitados por el yo. «¿Es posible», preguntaba K, «que el tiempo se termine -toda la idea del tiempo como pasado-, de modo que no haya mañana en absoluto?» Si el cerebro permanece en la oscuridad que él mismo ha creado, se desgasta en el conflicto resultante. 

El deterioro de las células cerebrales y la senilidad, ¿pueden evitarse? 

K sugería que, a través del discernimiento directo, las células cerebrales podían cambiar físicamente y actuar de una manera ordenada, lo cual conduciría a una curación del daño ocasionado por todos los años de mal funcionamiento. 

En el prefacio de un libro que contiene dos diálogos que, en una fecha posterior, sostuvieron K y Bohm, Bohm dilucida esto: ... vale la pena observar que las modernas investigaciones sobre el cerebro y el sistema nervioso, apoyan realmente y de modo considerable la afirmación de Krishnamurti en el sentido de que el discernimiento puede transformar las células del cerebro. 

Así, por ejemplo, hoy es bien sabido que existen importantes sustancias en el cuerpo, las hormonas y los neurotransmisores, que afectan fundamentalmente todo el funcionamiento del cerebro y del sistema nervioso. 

Estas sustancias responden, de instante en instante, a lo que una persona conoce, a lo que piensa y a lo que todo esto significa para ella. 

Hoy ya está perfectamente bien establecido que las células cerebrales y su funcionamiento son hondamente afectados por el conocimiento y las pasiones. 

Es así completamente verosímil que el discernimiento directo, la percepción inteligente que debe surgir en un estado de gran pasión y energía mental, pueda transformar las células cerebrales de un modo aún más profundo (2) . 

En camino a Gstaad, K fue ese verano a la Clínica Janker por tercer año consecutivo. 

Las radiografías mostraron que un bulto que sentía bajo su diafragma se debía a una hernia y no tenía ninguna importancia. 

En la reunión de Brockwood, posterior a Saanen, preguntaron a K por qué a su edad seguía hablando. Contestó: «A menudo me han preguntado eso: ‘¿Por qué, después de cincuenta años, continúa usted desperdiciando energía cuando nada parece cambiar?’ Pienso que cuando uno ve algo bello y verdadero, quiere hablar de eso a la gente, y lo hace por afecto, por compasión, por amor. 

Y si hay quienes no están interesados, muy bien. 

¿Puede usted preguntarle a la flor por qué se abre, por qué exhala perfume? 

Es por esa misma razón que uno habla». 

Por los últimos seis años de su vida, K habría de continuar con sus rutinas de viajes, pláticas y discusiones, si bien había desistido prácticamente de las entrevistas privadas. 

En julio de 1980, Mrs. Radha Burnier, a quien K había conocido bien por muchos años y por quien sentía un afecto profundo, fue electa Presidenta de la Sociedad Teosófica. 

Era hija de Sri Ram, un presidente anterior, y sobrina de Rukmini Arundale, que había disputado con ella la elección. 

Por consideración a Radha Burnier, K accedió a visitar la Sociedad Teosófica cuando estuvo en Madrás ese invierno. 

Por lo tanto, el 3 de noviembre Radha Burnier fue a buscarlo a Vasanta Vihar y, por primera vez en cuarenta y siete años, K cruzó las puertas del complejo residencial teosófico, donde se había congregado una multitud para darle la bienvenida, y caminó por los terrenos hasta la casa de Radha en la playa. 

No recordaba 

(1) Publicado en español con el título de Más Allá del Tiempo. [N. del T.] (2) El Futuro de la Humanidad, Edhasa, 1987.

 casi nada del lugar. 

De allí en adelante, por el resto de su vida, cuando estaba en Vasanta Vihar solía ir todas las tardes en automóvil a la casa de Radha y paseaba a lo largo de la playa donde lo habían «descubierto». 

Al día siguiente, K voló a Sri Lanka donde le habían invitado a ofrecer una serie de pláticas y donde no había estado desde 1957. 

Fue una visita triunfal: se vio con el Primer Ministro, fue entrevistado para la televisión por el Ministro de Estado y habló privadamente durante una hora con el Presidente. 

También ofreció cuatro pláticas públicas que contaron con una gran asistencia. 

Más tarde, en el Valle de Rishi, K se reunió con síndicos de las tres Fundaciones, y el 20 de diciembre, Mrs. Gandhi con Rajiv y su esposa vinieron a pasar la noche, llegando a Madanapalle en helicóptero. Pupul Jayakar y K actuaron como anfitriones. K y Mrs. Gandhi dieron solos un largo paseo, con guardias armados escondidos entre los arbustos. 

Cuando, a principios de 1981, K llegó a Brockwood interrumpiendo su viaje de la India a Ojai, nos habló excitadamente acerca de esta visita de Mrs. Gandhi y del tratamiento VIP (1)  que había recibido en Sri Lanka. 

Parecía realmente impresionado de que el Presidente de Sri Lanka hubiera deseado verle. 

Esta era una de las extrañas anomalías de K, su respeto por el éxito mundano y los honores académicos en otros. 

Sin embargo, le causaba repulsión todo aquel que alardeaba de su fama o que demostraba signos de engreimiento. 

Nunca pareció considerar que las donaciones entregadas para su labor, podían haberse originado en algunas despiadadas situaciones competitivas que él habría deplorado si las hubiera conocido. 

Con todo, si no hubieran existido estas contradicciones en la naturaleza de K, habría sido mucho menos interesante y, por cierto, menos digno de ser amado personalmente. 

En la reunión de Saanen de 1981, K sufrió de agudos dolores estomacales, pero los exámenes clínicos que se le hicieron en el hospital de Saanen no revelaron nada que diera razón de los dolores. 

Sin embargo, se había dispuesto que, antes de que fuera otra vez a la India, debía operarse de la hernia cuando volviera a Ojai al año siguiente. 

En camino a Gstaad acompañado por Mary Zimbalist, K le había pedido súbitamente que escribiera un libro sobre él -cómo era vivir con él-. 

En el curso de los años siguientes, habría de pedirle dos veces más que hiciera esto, aunque sólo fueran cien páginas, escribiendo un poquito cada día. 

Uno debe confiar en que ella lo haga un día puesto que, desde 1966, ha estado con él más que ninguna otra persona. 

Ahora siempre acompañaba a K, en Gstaad, en Brockwood y en Ojai. 

Vanda Scaravelli aún abriría Tanneg para él con la asistencia de Fosca, pero durante la reunión regresó a Florencia para volver después a fin de cerrar el chalet. 

En septiembre, K habría de variar un poco su programa anual ofreciendo dos pláticas en Amsterdam, donde no había hablado por diez años. 

El gran salón de la RAI estuvo atestado y el público afluía continuamente a una sala contigua que contaba con un circuito cerrado de televisión. 

Estuvieron con él unos pocos amigos de Inglaterra. 

Mientras nos dirigíamos en el automóvil a la primera plática, nos preguntó de qué iba a hablar. 

Yo le dije: «¿No tiene ninguna idea?» Contestó: «No, ninguna». 

Cuando apareció su pequeña figura para sentarse solo en una silla dura sobre el enorme estrado, sin siquiera una mesa delante de él, ello fue en cierto modo intensamente conmovedor. 

Como siempre, permaneció en completo silencio por unos momentos, mirando de extremo a extremo a su auditorio, mientras la gente aguardaba tensamente expectante. 

Finalmente comenzó: «Muy lamentablemente sólo habrá dos pláticas, de modo que es necesario condensar lo que tenemos que decir acerca de la totalidad de la existencia». 

Más y más estuvo en esta época haciendo hincapié en que la diferencia entre los seres humanos era sólo superficial. 

Esto lo explicó en la primera plática: El contenido de nuestra conciencia es el terreno común a toda la humanidad... Un ser humano que vive en cualquier parte del mundo, sufre, no sólo físicamente sino también internamente. 

Está perplejo, asustado, confundido, ansioso, sin ninguna sensación de profunda seguridad. 

De modo que nuestra conciencia es común a toda la humanidad... y, por tanto, no somos individuos. 

Por favor, consideren bien esto. 

Nos han educado, adiestrado, tanto religiosa como escolásticamente, para pensar que somos individuos, almas separadas que luchan cada una para sí, pero ésa es una ilusión. 

No somos entidades separadas con contenidos psicológicos separados, que luchan para obtener algo; cada uno de nosotros es, de hecho, el resto de la humanidad. 

En esta misma plática se extendió en otro tema, acerca del cual había hablado con anterioridad y sobre el que habría de hablar a menudo en sus últimos años: vivir con la muerte: La muerte implica el fin de lo conocido. 

Significa la terminación del organismo físico, la terminación de toda memoria que soy "yo", puesto que «yo» no soy sino memoria. 

Y me asusta desprenderme de todo eso, lo cual implica muerte. 

La muerte significa el fin de los apegos, o sea, morir mientras vivimos, no separados de la muerte por cincuenta años o cosa así, esperando que alguna enfermedad termine con nosotros. Es vivir 

(1) VIP: Very Important Person (Persona muy importante). [N. del T.]

 con toda nuestra vitalidad, nuestra energía, nuestra capacidad intelectual y un gran sentimiento por todas las cosas y, al mismo tiempo, terminar con ciertas conclusiones, ciertas idiosincrasias, experiencias, apegos, heridas psicológicas; morir para todo ello. 

Vale decir que, mientras uno está viviendo, vivir también con la muerte. 

Entonces la muerte no es algo que se encuentra lejos, no es algo que está al final de nuestra vida y que llega como consecuencia de algún accidente, de una enfermedad o de la vejez, sino que es más bien un final para todas las cosas de la memoria. 

Eso es la muerte, una muerte que no está separada del vivir (1) . 

Lo que de hecho pedía a sus oyentes que hicieran, era renunciar a todos los apegos humanos. ¿Cuántos querrían hacerlo, aun si pudieran? Sin embargo, más y más personas en todo el mundo seguían asistiendo a sus pláticas. 

K se sentía muy feliz de encontrarse en Holanda donde había pasado tanto tiempo cuando era joven. Una tarde fue en automóvil a ver otra vez el Castillo de Eerde, que ahora era una escuela, y en el que no había estado desde 1929. Manejando a través de los hermosos bosques de hayas se preguntó, medio en serio, por qué había devuelto la propiedad. 

Sin embargo, cuando llegó al Castillo, se negó a salir del automóvil por temor a que lo reconocieran. 

Al regresar a Ojai a principios de 1982, después de sus habituales y agotadores meses en la India, K fue a internarse en el Centro Médico de la Universidad de California, en Los Ángeles, para su operación de hernia. 

Esta no era una operación urgente, pero se consideraba que si la condición empeoraba súbitamente mientras K se hallaba de viaje, ello podría volverse peligroso. 

Mary Zimbalist permaneció en un canapé que había dentro del cuarto durante las cuatro noches que estuvo en el hospital. 

Esta operación también tuvo lugar bajo anestesia. 

Para él fue una experiencia muy penosa, y cuando el anestésico se disipó, el dolor se volvió intenso y él habló de la «puerta abierta». 

Mary le pidió que la cerrara. 

Esa noche él le dijo: «Estuvo muy cerca. Yo no sabía si tendría fuerzas para cerrar la puerta», pero en esos momentos se había incorporado en la cama y estaba leyendo una novela policial. 

Un examen posterior que se le hizo en el Centro Médico reveló que el índice de azúcar en la sangre era demasiado alto y se le prescribió una dieta para diabéticos. 

Poco tiempo después, una visita al oculista diagnosticó un comienzo de cataratas en ambos ojos y una amenaza de glaucoma en el ojo izquierdo, para lo cual se le recetaron gotas. 

Con todo, se declaró que estaba en muy buen estado físico para su edad. A fines de marzo, K ofreció dos pláticas en Nueva York, donde había hablado por última vez en 1974, pero en esta ocasión fue en el Carnegie Hall que tenía una capacidad de casi 3.000 personas. 

No quedó un asiento libre. El 26 de marzo, en el Hotel Parker-Meridien, al ser entrevistado por Paul L. Montgomery para el New York Times, K le dijo: «Vea, yo nunca acepté la autoridad y nunca ejercí autoridad sobre otros. 

Le contaré una historia divertida. Durante la época de Mussolini, uno de sus principales colaboradores me pidió que hablara en Stresa, cerca del Lago Maggiore [esto fue en el verano de 1933]. Cuando llegué a la sala, frente a mí había cardenales, obispos, generales. 

Probablemente pensaron que yo era un invitado de Mussolini. 

Hablé sobre la autoridad, de lo perniciosa, de lo destructiva que era. Al día siguiente, cuando hablé de nuevo, como público sólo había una señora anciana». Al preguntarle Montgomery si pensaba que la obra de toda su vida había establecido alguna diferencia en el modo de vivir de la gente, contestó: «Un poco, señor. Pero no mucho». 

Cuando lo que tenía que decir tuvo que comprimirlo en dos pláticas, K fue más efectivo que cuando daba una serie de pláticas como en las reuniones de Ojai, Saanen y Brockwood y en los lugares donde hablaba regularmente en la India. 

En la primera de estas pláticas de Nueva York, habló sobre el psicoanálisis, que constituye una parte tan importante de la vida norteamericana: «Si hay cualquier dificultad, corremos al analista -él es el moderno sacerdote- y pensamos que va a resolver todos nuestros tontos e insignificantes problemas. 

El análisis implica que hay un analizador y lo analizado. ¿Quién es el analizador? ¿Está separado de lo que analiza? ¿O él es lo analizado?». K estaba diciendo respecto del analista y lo analizado, lo que por años había dicho acerca del observador y lo observado, del pensador y su pensamiento. No había diferencia alguna entre ellos. 

Esto era cierto, sostenía, con respecto a toda fragmentación interna. «Cuando uno está iracundo», decía, «la ira es uno mismo. Uno no es diferente de la ira. Cuando uno siente codicia, envidia, uno es eso». K suplicó al auditorio de Nueva York que no aplaudiera antes o después de una plática: «Si aplauden, están aplaudiendo su propia comprensión... Quien les habla no se interesa para nada en ser un líder, un gurú, toda esa estúpida insensatez. Juntos estamos comprendiendo algo en la vida, una vida que se ha vuelto tan extraordinariamente compleja». 

Al final de la segunda plática preguntó si podía levantarse e irse y fue evidente que se sintió algo consternado cuando le formularon preguntas. 

Suplicó que no fueran más de dos. 

La última fue: «Señor, ¿podría usted describirme a Dios? ¿Existe Dios?» A esto K respondió:

 (1) La Madeja del Pensamiento, Edhasa, 1984. 

Hemos inventado a Dios. El pensamiento a inventado a Dios, o sea que, a causa de nuestra desdicha, desesperación, soledad, ansiedad, hemos inventado esa cosa llamada Dios. 

Dios no nos ha hecho a su imagen (desearía que lo hubiera hecho). 

Personalmente no tengo ninguna clase de creencia. 

El que habla sólo se enfrenta a lo que es, a los hechos, a la comprensión de la naturaleza de cada hecho, de cada pensamiento, de todas las reacciones; él está totalmente atento a todo eso. 

Si uno está libre del miedo, del dolor, no hay necesidad alguna de un dios (1) . 

A pesar de haber pedido que no aplaudieran, hubo aplausos cuando se levantó. 

En abril, tuvieron lugar en Ojai cuatro discusiones de una hora de duración sobre «La Naturaleza de la Mente»; participaron en ellas K, David Bohm, el Dr. John Hidley, psiquiatra que ejercía la práctica privada en Ojai, y Rupert Sheldrake, que en esa época era consultor en el International Crops Institute de Hyderabad. 

Estas discusiones, grabadas en videocolor, fueron patrocinadas por la Robert E. Simon Foundation, una institución privada que otorgaba substanciales subvenciones para el fomento de la salud mental. 

Hubo pedidos inmediatos de estos videos por parte de varias universidades y centros de enseñanza en todo el país, que podían comprarlos o pedirlos prestados para su exhibición. 

También se pasaron estos videos en diversas estaciones de TV por cable, incluso en Nueva York (2) . 

K parecía estar particularmente bien y vigoroso al llegar en mayo a su octogésimo séptimo cumpleaños. Le dijo a Mary: «Ahora la meditación me despierta todas las noches». 

Era durante su meditación que «lo otro» estaba siempre presente y le acompañaba. 

En su Diario había descrito cómo era ser despertado en la noche por esta meditación: La meditación a esa hora era libertad, y era como penetrar en un mundo desconocido de belleza y quietud, un mundo sin imagen, símbolo o palabra, sin las ondas de la memoria. 

El amor era la muerte de cada minuto y cada muerte era la renovación del amor. 

Este no era apego ni tenía raíces; florecía sin causa y era una llama que quemaba los límites, las defensas cuidadosamente construidas de la conciencia. 

La meditación era júbilo y con ella advino una bendición. 

En junio K tuvo que ofrecer dos pláticas en el Barbican Hall de Londres; era la primera vez que en Londres iba a hablar en una sala más grande que la Friend’s Meeting House. 

Pero, aunque el local estaba atestado, las pláticas no fueron un éxito. 

En la primera funcionó mal el altoparlante; en la segunda, disgustado con la atmósfera del lugar, K no se sintió de ninguna manera como en sus mejores momentos. 

No había entrada aparte para los artistas y éstos tenían que pasar por el vestíbulo principal para llegar a la sala. No pudiendo afrontar esto, K tuvo que subir por el ascensor de servicio. 

El Dr. Parchure, de Rajghat, viajaba ahora habitualmente con K a todas partes, y este año, la Dra. Dagmar Liechti, retirada de la Clínica Bircher-Benner de Zurich fundada por su tío -a la cual K había asistido en 1960-, estuvo en la reunión de Saanen y subió a Tanneg para discutir con el Dr. Parchure sobre la salud de K, cuyo índice de azúcar en la sangre era todavía demasiado alto. 

Sugirieron que K debía cancelar el seminario de científicos a realizarse en Brockwood después de la reunión y tomarse unas verdaderas vacaciones en algún lugar donde no lo conocieran. 

K accedió a esto. 

Él mismo estaba comenzando a darse cuenta de que debía espaciar más sus actividades. 

A pesar de sentirse cansado después de la reunión de Saanen, dictó otra tanda de Cartas a las Escuelas, una por día, entre el 11 y 12 de agosto. 

Después, en septiembre fue con Mary a Francia, a un hotel cerca de Blois, donde permaneció por más de una quincena. 

Dorothy Simmons se alojó con él durante una semana. 

Fueron las últimas verdaderas vacaciones en la vida de K: ni pláticas ni discusiones ni entrevistas y, por una vez, la cabeza no le molestó cuando descansaba. 

Antes de ir a la India a fines de octubre, le rogué que continuara con su Journal. 

Yo sentía que K estaba hablando demasiado y no escribía nada. 

Era mucho más fácil hablar que escribir, y en las pláticas uno se perdía sus bellas descripciones de la naturaleza. 

Decía que le resultaba muy difícil escribir debido al creciente temblor de sus manos. 

¿Por qué entonces -le sugerí- no dictaba a un grabador cuando estaba solo? 

Le gustó esta idea pero dijo que no tendría tiempo mientras estuviera en la India. 

En la India ofreció no sólo todas las pláticas en los lugares habituales (con el agregado este año de cuatro pláticas muy exitosas en Calcuta, donde jamás había hablado antes), sino que también sostuvo interminables discusiones con el grupo de personas que le habían rodeado por años y que incluía a Pupul Jayakar, Sunanda y

 (1) La Llama de la Atención, Edhasa, 1985. (2) Asequible en los AKFA y AB. 

Pama Patwardhans y el hermano mayor de Pama, Achyut, así como un eminente Pandit, Jagannath Upadhyaya (1) . 

En Europa y EE.UU., K solía desayunar en la cama y no se levantaba hasta mediodía a menos que tuviera un compromiso, mientras que en la India bajaba para desayunar con sus amigos y ahí comenzaban las conversaciones. 

En la India, la manera favorita de profundizar en las enseñanzas filosóficas o religiosas, eran las discusiones con participación de varias personas que formulaban preguntas. 

Este era, indudablemente, el mejor modo de lograr una comprensión intelectual pero impedía, al parecer, esos saltos intuitivos por los cuales algunas personas podían percibir fácilmente de qué hablaba K. 

K mismo se sentía estimulado por estas discusiones en la India. 

Le gustaba penetrar lentamente, lógicamente, paso a paso, en su filosofía. 

Era también el método indio de cuestionar todo lo que se decía. 

K aprobaba totalmente esto, dado que la fe, la aceptación incuestionable de las palabras de otro, eran para él una barrera infranqueable para el descubrimiento de la verdad a través de la comprensión de uno mismo. 

En la escuela del Valle de Rishi, la actual Directora de Estudios era la hija de Pupul Jayakar, Radhika, quien poseía un Ph.D (Doctorado) en sánscrito y en estudios budistas extendido por una universidad norteamericana. 

Estaba casada con un profesor canadiense, Hans Herzberger, y trabajaba en estrecha colaboración con Narayan, que seguía siendo el Director General. 

K quedó encantado por la forma en que marchaba la escuela. 

Había 340 estudiantes pagos procedentes de diferentes partes de la India, una tercera parte de ellos mujeres, y el diez por ciento recibía becas. 

Al volver a Ojai en febrero de 1983, K comenzó a dictar la continuación de su Journal (2) .

Mientras se hallaba solo en su habitación y permanecía en la cama después del desayuno, dictó la primera parte en un grabador nuevo, y continuó estos dictados, aunque no diariamente, hasta comienzos de abril. 

La mayoría de los trozos que componen el libro comienza con una descripción de la naturaleza, y muestra que cada día era verdaderamente un día nuevo para él, un día como nunca había sido antes. Para muchos, estas descripciones avivan todo el ser haciéndolo intuitivamente receptivo a la enseñanza que sigue luego. 

En marzo del año siguiente, otra vez en Ojai, dictó otras tres partes mientras permanecía a solas en su habitación. 

Surgidas dos años antes de su muerte, éstas fueron las últimas reflexiones privadas de K que habríamos de tener y, tal como ocurrió, la última versa sobre la muerte. 

Describió cómo, mientras paseaba en una soleada mañana de primavera, había visto una hoja muerta, «amarilla y rojo brillante», caída en el sendero. «Qué hermosa era esa hoja», dijo, «tan sencilla en su muerte, tan natural, tan llena de la belleza y vitalidad de todo el árbol y del verano. Era extraño que no se hubiera marchitado.» Y continuaba: ¿Por qué los seres humanos mueren tan desdichadamente, tan lamentablemente, con enfermedad, vejez, senilidad, con el cuerpo encogido, feo? ¿Por qué no pueden morir tan natural y bellamente como esta hoja? ¿Qué hay de malo en nosotros? A pesar de todos los médicos, medicinas y hospitales, de las operaciones y de toda la agonía de la vida, y también de los placeres, no parecemos capaces de morir con dignidad, con sencillez y con una sonrisa... 

Cuando enseñamos a los niños las matemáticas, cuando les enseñamos a leer y escribir y, todo eso que implica adquirir conocimientos, también debería enseñárseles la inmensa dignidad de la muerte, no como algo morboso y desgraciado que finalmente uno ha de afrontar, sino como algo de la vida cotidiana, la vida cotidiana de contemplar el cielo azul y observar el saltamontes sobre una hoja. 

Eso forma parte del aprender, tal como a uno le crecen los dientes y pasa por todas las incomodidades de las enfermedades infantiles. 

Los niños poseen una curiosidad extraordinaria. 

Si uno comprende la naturaleza de una hoja, no les explica que todo muere, que el polvo vuelve al polvo y todas esas cosas, sino que, sin temor alguno, les explica amablemente y les hace sentir que el vivir y el morir son una sola cosa... 

No existe la resurrección, eso es superstición, una creencia dogmática. Todo en la tierra, en esta bella tierra, vive y, muere, nace y se marchita. 

Para captar todo este movimiento de la vida se requiere inteligencia, no la inteligencia del pensamiento, de los libros o del conocimiento, sino la inteligencia del amor y de la compasión con su sensibilidad... Al contemplar esa hoja muerta con toda su belleza y color, tal vez uno podría comprender muy profundamente, darse cuenta de lo que su propia muerte tiene que ser, no en el final sino en el principio mismo. 

La muerte no es alguna cosa horrenda, algo que deba eludirse, posponerse, sino más bien algo para estar con ello día tras día. Y de eso surge un sentido extraordinario de inmensidad (3)

 . (1) Muchas de estas discusiones se transcriben detalladamente en el libro: "Krishnamurti" de Pupul Jayakar. (2) Publicado más adelante con el título de Krishnamurti to Himself. En español, se editó con el título de El último Diario. [N. del T.] (3) El Último Diario, Edhasa, 1989. 

sábado, 5 de agosto de 2023

VIDA Y MUERTE DE KRISHNAMURTI - ESCRITO POR MARY LUTYENS - 17-

 17 

«La mente vacía» 

En 1974, K me había pedido que escribiera un segundo volumen de su biografía. 

Yo deseaba hacerlo, pero vacilé por mucho tiempo antes de comenzarlo, porque sabía que me resultaría mucho más difícil escribirlo que el primer volumen, el cual tenía una historia cautivadora (si bien a veces fantástica) para contar. 

En los últimos cuarenta años no le habían sucedido muchas cosas a K exteriormente, aunque hubiera vivido una emocionante vida interior. 

No fue sino después de cinco años que me sentí preparada para encarar el libro, y uno de los primeros pasos fue hacer otro intento para develar el misterio de quién y qué era Krishnamurti. 

Leer el Diario no había ayudado a aclarar mi desconcierto. 

Por lo tanto, cuando K vino a Brockwood en 1979, fui allá a verle y tuve con él dos largas conversaciones. 

Mary Zimbalist, que estuvo presente, tomó notas. 

Yo no tomé notas esa vez y no me gustaba la idea de usar un grabador que podía inhibir la espontaneidad. 

La primera conversación tuvo lugar una mañana en el gran dormitorio que da al sur sobre los prados y los campos que se extienden más allá, mientras él estaba sentado en la cama con la espalda recta y las piernas cruzadas, vestido con su bata de baño color azul pálido. 

Se sentía en la habitación un tenue perfume a sándalo, perfume que yo siempre relacioné con él. 

Incluso el papel en que escribía olía a sándalo. 

Esa mañana K estaba muy alerta y parecía ansioso por hacer algún nuevo descubrimiento. 

Empecé por preguntarle si podía explicar qué le había hecho ser lo que era. 

Respondió a esto preguntándome qué explicación pensaba yo que podía haber. 

La explicación más plausible, dije, era desde luego la teoría de Besant-Leadbeater acerca del señor Maitreya ocupando un cuerpo especialmente preparado para ello; del ego que había evolucionado a través de una serié de encarnaciones hasta que nació en un cuerpo de brahmín, cuerpo que era más puro que cualquier otro por no haber probado carne ni alcohol durante incontables generaciones. 

Esta explicación podía también dar razón del «proceso»: el cuerpo, al haber sido «afinado», por así decirlo, se volvió más y más sensible para acomodar a su divino ocupante y así, finalmente, combinó la conciencia del Señor Maitreya con la de Krishnamurti. 

En otras palabras, todo lo que habían predicho Mrs. Besant y Leadbeater había terminado por suceder.

K estuvo de acuerdo en que esta teoría era la más verosímil, pero dijo que él no creía que fuera así. 

Otra posible explicación que sugerí, era que había un inmenso depósito de bondad en el mundo, el cual podía ser utilizado y había sido utilizado por muchos grandes artistas, genios y santos. 

K descartó esto inmediatamente. 

La única otra teoría que pude sugerir era que Krishnamurti mismo había evolucionado a través de muchas vidas hasta convertirse en lo que era, aunque yo misma encontraba esto difícil de aceptar, porque el muchacho Krishnamurti que yo había conocido era completamente vacuo, infantil, casi retardado y no se interesaba realmente en nada excepto el golf y las motocicletas. 

Yo no podía concebir cómo este ser podía alguna vez haber desarrollado el cerebro apto para exponer la sutil enseñanza de Krishnamurti. 

Ahora cito de las notas tomadas por Mary Zimbalist: ML: Las enseñanzas no son sencillas. ¿Cómo es que surgieron en ese niño vacío? 

K: Usted admite un misterio. 

El niño era afectuoso, vacío, aficionado a los juegos atléticos, no era intelectual. 

Lo importante en esto es la mente vacía. 

¿Cómo pudo esa mente vacía llegar a esto? ¿Era la vacuidad necesaria para que esto se manifestara?

 Esta cosa que se manifiesta, ¿emana de una fuente universal, tal como el genio surge de ella en otros campos? 

El espíritu religioso nada tiene que ver con el genio. ¿Cómo es que la mente vacía no se llenó con la teosofía, etcétera? 

¿Fue la mente vacía destinada a la manifestación? 

El niño tiene que haber sido extraño desde el principio. 

¿Qué lo hizo de ese modo? 

¿El cuerpo fue preparado a través de muchas vidas o esta fuerza tomó el cuerpo vacío? 

¿Por qué no se convirtió él en una abominación con todas esas adulaciones? 

¿Por qué no se volvió cínico, desagradable? 

¿Qué lo protegió de eso? 

Esta vacuidad estaba protegida. 

¿Qué la protegía? 

ML: Eso es lo que estamos tratando de descubrir. 

K: Durante toda su vida estuvo cuidado, protegido. 

Cuando viajo en avión sé que nada va a suceder. 

Pero no hago nada que pudiera representar un peligro. 

Me hubiera gustado elevarme en un planeador [le habían ofrecido la oportunidad en Gstaad] pero sentí que no debía hacerlo. 

Siempre he sentido que me protegen. 

¿O la impresión de que me protegen surge porque Amma [Mrs. Besant] siempre veía que me cuidaban, veía siempre que había dos iniciados protegiéndome? 

No creo que se deba a eso. 

ML: No, porque la otra cosa, «el proceso», llegó por primera vez cuando usted estaba lejos de todos ellos, completamente solo en Ojai con Nitya. 

K: Sí, el vacío nunca me ha abandonado. 

Estando en el consultorio del dentista por cuatro horas, ni un solo pensamiento acudió a mi cabeza. 

Sólo cuando hablo o escribo, «esto» entra en juego. 

Estoy asombrado. 

El vacío continúa aún ahí. 

¡Desde aquella edad hasta ahora -ochenta años o algo así- conservar una mente vacía! 

¿Qué es lo que hace que eso ocurra? 

Usted puede sentirlo en la habitación ahora mismo. 

Está sucediendo en esta habitación ahora porque estamos tocando algo muy, muy serio y eso llega derramándose en abundancia. 

La mente de este hombre está constantemente vacía, desde la infancia hasta hoy. 

No quiero hacer de eso un misterio: ¿por qué no puede ocurrirle a todos? 

ML: Cuando usted ofrece las pláticas, ¿está vacía su mente? 

K: Oh, sí, completamente. 

Pero no es eso lo que me interesa sino por qué permanece vacía. 

Debido a que está vacía, no tiene problemas. 

ML: ¿Es única? 

K: No. 

Si una cosa es única, entonces otros no pueden lograrla. 

Quiero evitar todo misterio. 

Veo que la mente del niño es la misma hoy. 

La otra cosa está ahora aquí. 

¿No la percibe? 

Es como una pulsación. 

ML: La esencia de su enseñanza es que todos pueden tener eso. 

[Yo sentía realmente la pulsación pero no estaba segura e no estar imaginándolo]. 

K: Sí, si fuera algo único no tendría ningún valor. 

Pero esto no es así. 

¿Se conserva vacía la mente para que esta cosa pueda decir: «Aunque yo estoy vacía, tú, X, también puedes tener eso»? 

ML: ¿Quiere usted indicar que la mente está vacía a fin de poder decir que esto puede ocurrirle a todos?

 K: Correcto, correcto. 

¿Pero es esa cosa la que conservó vacía la mente? 

¿Cómo permaneció vacía todos estos años? 

Es algo extraordinario. 

Nunca antes había pensado en eso. 

La mente no sería así si no fuera por su desapego. 

¿Por qué jamás se apegó a nada? 

Esa cosa debe haber dicho: «Tiene que haber vacío o yo -esa cosa- no puedo funcionar». 

Esto es admitir toda suerte de cosas místicas. 

Entonces, ¿qué es eso que la mantiene vacía para que pueda decir todo esto? 

¿Encontró esa cosa a un niño que era el más apto para permanecer vacío? 

Este niño no tenía aparentemente ningún temor de ponerse contra Leadbeater, contra la teosofía, contra la autoridad. 

Amma, Leadbeater... ellos tenían una gran autoridad. 

Esa cosa debe haber estado operando. 

Y esto tiene que ser posible para toda la humanidad. 

Si no, ¿qué sentido tiene? 

La conversación se interrumpió aquí, K tenía que levantarse para llegar a tiempo al almuerzo que se servía en el comedor de la escuela. 

Después del almuerzo, reanudamos la conversación en la cocina del ala occidental: 

K: No hemos descubierto por qué a este niño se le mantuvo vacío desde entonces hasta ahora. 

¿Es el vacío una ausencia de egoísmo, de yo: mi casa, el apego? 

Pero, ¿cómo se originó el vacío con su ausencia de yo? 

Sería sencillo si dijéramos que el Señor Maitreya preparó este cuerpo y lo mantuvo vacío. 

Esa sería la explicación más simple, pero lo más simple es sospechoso. 

Otra explicación es que el ego de K podría haber estado en contacto con el Señor Maitreya y el Buda y dijo:

«Yo me retiro; eso es más importante que mi detestable yo». 

No se siente que esto sea puro, verdadero. 

El Señor Maitreya vio este cuerpo con un mínimo de ego, quiso manifestarse a través de él y entonces el cuerpo se conservó incontaminado. 

Amma decía que el rostro de K era importante porque representaba aquello; fue preparado para aquello.

Esto significa que no todo el mundo puede tenerlo. 

K es una rareza biológica. 

Resulta una salida cómoda. 

¿Cuál es, entonces, la verdad? 

No lo sé, realmente no lo sé. 

¿Cuál es la verdad de todo esto? 

No es un engaño de mí mismo, una ilusión, un estado inducido, el producto de un deseo -yo no sé qué desear-. 

Otra cosa peculiar en todo esto es que K siempre se ha sentido atraído hacia el Buda. 

¿Fue ésta una influencia? 

No lo creo. 

¿Es esa fuente el Buda? ¿El Señor Maitreya? ¿Cuál es la verdad? ¿Es algo que jamás descubriremos?

 Mary Zimbalist: ¿Alguna vez se siente utilizado, siente que algo penetra en usted? 

K: Yo no diría eso. Penetra en la habitación cuando hablamos seriamente. 

ML: ¿Qué relación tiene ello con el dolor? 

K: El dolor llega cuando estoy quieto, sin hablar. 

Llega lentamente, hasta que el cuerpo dice: «Es suficiente». 

Después de alcanzar una crisis, el cuerpo desfallece; el dolor se agota o hay alguna interrupción y desaparece. 

ML: ¿Podemos descartar la acción de algo externo? 

K: Yo no la descarto. ¿Pero cuál es la verdad? 

Hay un elemento en todo esto que no pertenece al hombre, al pensamiento, que no es autoinducido. 

Yo no soy así. 

¿Es esto algo que no podemos descubrir, que no debemos tocar, algo impenetrable? 

Me lo estoy preguntando. 

He sentido con frecuencia que no es asunto mío, que jamás lo descubriremos. 

Cuando decimos que surge porque la mente está vacía, tampoco creo que sea así. 

Hemos llegado a un callejón sin salida. 

He hablado con usted, con ella [Mary], con Subba Rao [quien había conocido a K desde los primeros tiempos]. 

Él me dijo: «Tú has sido como eres ahora desde un principio». 

Y yo me pregunto: «¿Es esto cierto?». 

Si lo es, no hay esperanza para los demás. 

¿Es todo ello algo que no podemos tocar? 

Estamos tratando de alcanzar aquello con nuestras mentes. 

Trate de descubrir qué es aquello, hágalo cuando su mente está por completo quieta. 

Para descubrir la verdad al respecto usted tiene que tener su mente vacía. 

No mi mente que es vacía. 

Pero aquí hay un factor que estamos pasando por alto. 

Hemos llegado a un punto donde nuestros cerebros, nuestros instrumentos de investigación ya no tienen sentido. 

ML: ¿Podría algún otro descubrirlo? ¿Y sería correcto investigarlo? 

K: Usted podría hacerlo porque está escribiendo sobre ello. 

Yo no puedo.  

Si usted y María (1) se sentaran y dijeran: «Investiguemos», estoy bastante seguro de que podrían descubrirlo. 

O hágalo sola. 

Yo veo algo: lo que dije es verdad, yo jamás podré descubrirlo. 

El agua nunca puede descubrir qué es el agua. 

Eso es absolutamente cierto. 

Si usted lo descubre, yo lo corroboraré. 

ML: Si ello fuera cierto, ¿usted lo sabría? 

K: ¿Puede sentirlo en la habitación? 

Se está volviendo más y más fuerte. 

Me está empezando a doler la cabeza. 

Si usted formulara la pregunta y dijera: «No sé», podría descubrirlo. 

Si yo escribiera al respecto, plantearía todo esto. 

Empezaría con el niño en completo estado de vacuidad. 

ML: ¿No le preocupa si se dice que usted desea que ello se explique? 

K: No me importa. 

Diga usted lo que guste. 

Estoy seguro de que si otros se lo proponen firmemente, pueden hacerlo. 

Estoy absolutamente seguro de esto. 

Absolutamente, absolutamente. 

También estoy seguro de que yo no puedo descubrirlo. 

ML: ¿Qué pasaría si uno pudiera llegar a comprenderlo pero no fuera capaz de expresarlo en palabras?

 K: Usted podría, encontraría el modo. 

Tan pronto como uno descubre algo tiene palabras para ello. 

Como un poema. 

Si usted está abierta a la investigación, si pone su cerebro en condiciones, de algún modo podría descubrirlo. 

Pero en el instante en que lo descubra, ello será verdadero. 

No habrá ningún misterio. 

ML: ¿No se opondrá el misterio a ser descubierto? 

K: No, el misterio habrá desaparecido. 

ML: Pero el misterio es algo sagrado. 

K: Lo sagrado permanecerá. Aquí terminó la conversación, porque a K la cabeza le dolía tanto que tuvo que ir a acostarse. 

No era sólo cuando estaba quieto que esto le ocurría, sino cuando hablaba de cosas como las que habíamos estado discutiendo. 

Yo regresé a Londres, espantada por la responsabilidad que él había depositado en nosotras: 

K estaba «absolutamente seguro» de que nosotras podíamos descubrir la verdad acerca de él si lo intentábamos, pero yo seguía renuente a creer que él mismo no pudiera ayudarnos más en el descubrimiento de la verdad. 

De modo que tres semanas después hablé con K nuevamente en Brockwood antes de su partida a Gstaad. 

Fue después del almuerzo, otra vez en la cocina del ala occidental y de nuevo estuvo Mary presente y tomó notas, de las cuales cito: 

ML: Su enseñanza es complicada. 

K: Muy complicada. 

ML: Si usted la leyera, ¿la comprendería? 

K: Oh, sí, sí. 

ML: ¿Quién creó las enseñanzas ¿Usted? ¿El misterio? 

K: Una buena pregunta. 

¿Quién es el autor de las enseñanzas? 

ML: Conociéndole como K, el hombre, a mí me resulta difícil pensar en usted como el autor de las enseñanzas. 

K: Usted quiere decir: sin estudio previo, ¿podría usted o alguna otra persona producir esas enseñanzas?

ML: En usted se manifiesta algo que no parece formar parte de su propio cerebro. 

K: Las enseñanzas, ¿son extraordinarias? 

ML: Sí, son diferentes, originales. 

K: Seamos claros. Si yo me sentara deliberadamente para escribirlas, dudo que pudiera producir eso. Le diré algo que sucede. 

Ayer dije: «Pensar acerca de algo, es diferente de pensar». 

Dije: «Realmente no comprendo eso, mirémoslo», y cuando lo hice vi claramente algo. 

Hay una sensación de vacuidad y luego algo llega. 

Pero si me sentara deliberadamente para hacerlo, quizá no podría. 

Schopenhauer, Lenin, Bertrand Russell, etcétera, todos habían leído muchísimo. 

Aquí tenemos el fenómeno de esta persona que no se ha educado, que no ha practicado ninguna disciplina. 

¿Cómo llegó a todo esto? ¿Qué es ello? 

Si sólo fuera K -él es bondadoso, sin mayor cultura-, entonces, ¿de dónde viene eso? 

Esta persona no ha desarrollado la enseñanza. 

(1) K Siempre llamaba a Mary "María" (en español) para distinguirla de mí. 

ML: ¿No ha llegado a ella por medio del pensamiento? 

K: Es como... ¿cuál... cuál es el término bíblico?... una revelación. 

Ocurre todo el tiempo cuando estoy hablando. 

ML: El auditorio, ¿crea algo que contribuye a la revelación? K: 

No. 

Comencemos de nuevo. 

La pregunta más profunda sería: 

Encontraron al niño y el condicionamiento no pudo hallar asidero en él. 

Ni la teosofía, ni la educación, ni el Instructor del Mundo, ni la propiedad, ni las enormes sumas de dinero, nada influyó en él. 

¿Por qué? ¿Quién lo protegía? 

ML: Para mí es difícil no personificar un poder, alguien, que protege. Un poder que protege es una concepción demasiado vista para nuestros cerebros limitados, pero tal vez sea como un conductor de luz. 

El rayo, la electricidad, encuentran un conductor, el camino más directo a tierra. 

Este poder, que yo pienso es realmente amor, encuentra un conductor en la mente vacía. 

K: Tiene que existir un cuerpo especial. 

¿Cómo surgió el cuerpo y cómo permaneció incorrupto? 

¡Hubiera sido tan fácil corromperlo! 

Ello significa que el poder estuvo cuidándolo. 

ML: ¿Y preparándolo, haciéndolo accesible con «el proceso»? 

K: Eso viene después. 

ML: Comenzó tan pronto el cuerpo fue lo bastante fuerte. 

K: Sí, pero si usted admite todo esto, él es un «fenómeno», en el buen sentido de la palabra. 

El «fenómeno» fue conservado para la enseñanza, él carece por completo de importancia. 

Todo el mundo puede aceptar la enseñanza, percibir su verdad. 

Si usted convierte en importante el «fenómeno», ello excluye todo lo demás. 

Mary Zimbalist: El fenómeno es necesario para transmitir las enseñanzas, pero los no-fenómenos, ¿pueden recibirlas? 

K: Sí, sí. 

Por lo tanto, nos preguntamos: 

¿De qué modo se le conservó como un fenómeno?... una palabra horrible. 

ML: Digamos que un poder aguardaba... 

K: Amma y Leadbeater sostenían que un Bodhisattva iba a manifestarse y que tenían que encontrar un cuerpo -la tradicional manifestación del Avatar-. El Buda pasó por todo eso, el sufrimiento, etc., luego lo desechó y alcanzó la iluminación. 

Lo que enseñó era original, pero él pasó por todo eso. 

En cambio aquí tenemos un fenómeno que no pasó por ninguna de esas cosas. 

Jesús puede haber sido también un fenómeno. 

El poder tiene que haber vigilado este cuerpo desde el instante en que nació. 

¿Por qué? ¿Cómo ocurrió eso? 

El niño procedía de una familia que nada tenía de especial. 

¿Cómo se encontraba allí ese niño? 

¿Era el poder que deseaba manifestarse el que creó al niño o ese poder vio una familia brahmánica, un octavo hijo, y exclamó: «Ese es el niño»?

Esa cosa está en la habitación. 

Si usted le preguntara qué es, no le respondería. 

Diría: «Eres demasiado insignificante». 

Creo que el otro día dijimos que hay una fuente de bondad que tiene que manifestarse. 

Pero en ese caso estamos otra vez de vuelta donde empezarnos. 

¿Cómo describiría usted esto sin hablar de un fenómeno biológico? 

Pero todo esto es sagrado, y no sé cómo podrá usted transmitir, no sólo lo sagrado, sino todas las otras cosas de que hemos estado hablando. 

Es realmente muy extraordinaria la causa de que no corrompieran al niño. 

Ellos hicieron todo lo posible para dominarme. 

¿Por qué se le hizo pasar por la experiencia de, Ojai? 

¿Fue porque el cuerpo no estaba lo suficientemente afinado? 

ML: Usted jamás trató de evitar el dolor. 

K: Por supuesto que no. 

Usted ve que el dolor ha comenzado. 

Hace como media hora. 

Supongamos que usted vuelca todo esto en el papel. 

¿Qué dirían al respecto hombres cuerdos, hombres reflexivos como Joe [mi esposo]?

¿Dirían que esto no es nada? 

¿Que una cosa así le ocurre a todo genio? 

Si usted dijera: «Critiquen esto», ¿cuál sería la reacción de ellos? 

¿Dirían que todo esto es inventado? 

¿O dirían que es un misterio? 

¿Estamos tratando de tocar un misterio? 

Tan pronto como usted lo comprende, no es más un misterio. 

Pero lo sagrado no es un misterio. 

Por lo tanto, estamos tratando de remover el misterio que lleva a la fuente. 

¿Qué dirían ellos, que usted está haciendo un misterio donde no lo hay en absoluto? 

¿Que él nació así? 

Lo sagrado está ahí y, porque es sagrado, es inmenso. 

¿Qué ocurrirá cuando yo muera? 

¿Qué ocurrirá aquí? 

¿Depende todo ello de un solo hombre? 

¿O hay personas que lo llevarán adelante? 

ML: Ha habido un cambio desde que usted dijo en el bosque de Epping, hace unos diez años, que todo podría venirse abajo después de su muerte. 

K: No estoy seguro de que haya un cambio. 

Están los libros pero no es suficiente. 

Si las personas que me rodean tuvieran realmente eso, serían fenómenos como K. 

El fenómeno está diciendo: 

«¿Existen personas que hayan bebido las aguas y lleven esto adelante?» 

Yo acudiría a las personas que lo hubieran conocido, para captar a través de ellas un sentimiento de cómo era él. 

Caminaría muchas millas para hablar con alguien que hubiera estado con él y le preguntaría: 

«Usted ha bebido las aguas, ¿cómo es ello?» 

Este fue el fin de la conversación, pues otra vez K tuvo que ir a acostarse debido al dolor que sentía en la cabeza y en el cuello. 

Me quedé con la sensación de que le hubiera gustado por una vez estar fuera de esto, cosa que jamás ocurrió. 

Recordé lo que el 28 de diciembre de 1925, después de la primera manifestación (así lo creíamos) K había expresado al Señor Maitreya cuando éste habló a través de él en Adyar. 

Mi madre le había dicho que su rostro se había transformado al igual que sus palabras y que brillaba con un resplandor glorioso cuando súbitamente pasó a la tercera persona singular. 

«Me hubiera gustado poder verlo», había contestado K con añoranza. 

Y le respondió lo mismo a Mrs. Kirby cuando ella le contó en el campamento de Ommen cómo se había transfigurado su rostro. 

Regresé a Londres con un sentimiento de enorme compasión por él. 

«El agua nunca puede descubrir qué es el agua», había dicho K durante nuestra conversación anterior.

 El nunca podría hallarse fuera de esto; nunca sabría lo que él era, nunca vería cómo se transfiguraba su rostro en momentos de especial inspiración o revelación. 

¿Podría yo descubrirlo en él? 

Nos había dicho que eso era posible, que tratáramos de descubrirlo, mientras que en 1972 había dicho al grupo de los síndicos americanos en Ojai, que nadie podría jamás comprender eso, que era algo «demasiado inmenso para expresarlo en palabras». 

Ahora decía: «En el momento que uno descubre algo, tiene que tener palabras para ello». 

¿Podría yo descubrirlo? 

El sentimiento de protección que él siempre había percibido y su reiterada insistencia en la mente vacía, eran las pistas para guiarme. 

¿Podría yo descubrirlo? 

El reto era emocionante, embriagador. 

En otoño, pude hablar nuevamente con K en Brockwood después de las reuniones de Saanen y Brockwood y de un seminario de científicos realizado también en Brockwood. 

Yo quería descubrir si la «revelación» de la que K había hablado, venía desde dentro o desde fuera de él mismo. 

Empezó diciendo que al principio, cuando comenzó a hablar, había usado el lenguaje de la teosofía, pero que desde 1922 (el año de su experiencia en Ojai) había encontrado su propio lenguaje. 

Después hizo nuevos comentarios sobre su mente vacía y dijo: 

«Cuando la mente está vacía, sólo después sabe que estaba vacía». 

Ahora cito nuevamente de las notas de Mary Zimbalist: 

ML: ¿Cuándo cesa la mente de estar vacía? 

K: Cuando es necesario usar el pensamiento para la comunicación. 

De otro modo está vacía. 

Durante el seminario, mientras estoy hablando, ello se revela. 

ML: ¿Usted ve algo? 

K: No, ello se revela; no veo algo y lo traduzco. 

Surge sin que yo piense en ello. 

A medida que surge, se vuelve lógico, racional. 

Si lo considero cuidadosamente, si lo anoto, si lo repito, nada ocurre. 

ML: ¿Viene eso de alguna parte exterior a usted? 

K: Con los artistas y los poetas es diferente, porque ellos trabajan para que eso ocurra. 

La percepción [de K] de su enseñanza revolucionaria, tiene que haberse dado lentamente, poco a poco.

No fue cambiando paralelamente al lenguaje utilizado. 

[Aquí repitió cómo en Gstaad le habían invitado a deslizarse en el planeador].

Hubiera ido con sumo placer, prometía ser muy divertido. 

Pero me di cuenta de que no debía hacerlo. 

No debo hacer nada que sea improcedente para el cuerpo. 

Siento eso por lo que K tiene que hacer en el mundo. 

No debo enfermarme porque no podría hablar; por lo tanto, me cuido todo lo posible. 

El cuerpo está aquí para hablar; lo educaron de ese modo y su propósito es hablar. 

Toda otra cosa es improcedente, así que el cuerpo debe ser protegido. 

Otro aspecto de esto es que siento que existe una clase distinta de protección que no es mía. 

Hay una forma separada de protección, como si el futuro estuviera más o menos establecido. 

Una clase diferente de protección, no sólo del cuerpo. 

El niño nació con esa peculiaridad: debía ser protegido para sobrevivir todo lo que tenía que sobrevivir.

De algún modo el cuerpo es protegido para que sobreviva. 

Algún elemento vela por él. Algo le protege. Decir qué, sería especular. 

El Maitreya es demasiado concreto, no es lo bastante sutil. 

Pero yo no puedo mirar detrás de la cortina. 

No puedo hacerlo. 

Lo he intentado con Pupul [Jayakar] y varios estudiosos indios que me instaban a hacerlo. 

He dicho que no es el Maitreya, el Bodhisattva. 

Esa protección es demasiado concreta, demasiado elaborada. 

Pero siempre he sentido la protección. 

Yo me inclinaba a creer que K era usado y que había sido usado desde 1922 por algo que procedía de lo exterior. 

Con esto no quería decir que fuera un médium. 

Un médium o una médium están separados de aquello que «transmiten», mientras que K y lo que fuera que se manifestaba a través de él eran casi siempre uno solo. 

La conciencia de K estaba tan impregnada con esta otra cosa, como una esponja con el agua. 

Había veces, sin embargo, en que el agua parecía escurrirse dejándole casi como acostumbraba ser en los primeros tiempos que lo recuerdo: indeciso, gentil, falible, tímido, ingenuo, sumiso, afectuoso, riendo gozosamente de los chistes más tontos, aunque único en su completa ausencia de vanidad y afirmación propia. 

Pero entonces yo volvía al Diario y encontraba ahí un estado de conciencia que parecía ser enteramente del propio K y la fuente de su enseñanza, y resultaba difícil aceptar la teoría de que era usado. 

Antes de finalizar el año, K habría de pasar por una nueva experiencia psíquica durante su estadía en la India. 

El 21 de febrero de 1980 dictó a Mary (que no le había acompañado a la India ese invierno) un relato de esta experiencia, en el cual se refiere a sí mismo en tercera persona: 

K partió de Brockwood hacia la India el 19 de noviembre de 1979. 

Después de pasar unos días en Madrás, fue directamente al Valle de Rishi. 

Por largo tiempo ha estado despertándose en medio de la noche con esa peculiar meditación que le ha estado persiguiendo por muchísimos años. 

Esta ha sido una cosa normal en su vida. 

No es una búsqueda consciente, deliberada de la meditación ni un deseo inconsciente de lograr alguna cosa. 

Es muy evidente que se trata de algo que no se invita ni se busca. 

Él ha vigilado hábilmente al pensamiento para que no convierta en un recuerdo estas meditaciones. 

Y así cada meditación contiene en sí la cualidad de algo fresco y nuevo. 

Hay una sensación de impulso que se acumula sin que se le invite ni persiga. 

A veces es tan intenso que la cabeza duele, en ocasiones existe el sentimiento de un inmenso vacío que contiene una energía insondable. 

A veces se despierta riendo con un júbilo que está más allá de toda medida. 

Estas meditaciones peculiares, que naturalmente son impremeditadas, crecen en intensidad. 

Sólo suelen cesar los días en que ha viajado o ha arribado tarde en la noche o cuando ha tenido que despertarse temprano para viajar. 

Con la llegada al Valle de Rishi, a mediados de noviembre de 1979, el impulso aumentó, y una noche, en la extraña quietud de esa parte del mundo, en medio del silencio que no perturbaba el ulular de los búhos, se despertó para encontrar algo por completo diferente y nuevo. 

El movimiento había alcanzado la fuente de toda energía. 

Esto de ningún modo debe confundirse, ni siquiera mediante el pensamiento, con dios o el principio supremo, el Brahman, que son las proyecciones de la mente humana surgidas del miedo y del anhelo, del obstinado deseo de seguridad total. 

No es ninguna de esas cosas. 

El deseo no puede alcanzarlo, las palabras no pueden penetrar en ello ni la cuerda del pensamiento puede envolverlo. Alguien podría preguntar: 

¿Con qué seguridad afirma usted que ésa es la fuente de toda energía? 

Uno sólo puede contestar, con toda humildad, que es así. 

Todo el tiempo que K permaneció en la India, hasta fines de enero de 1980, habría de despertar cada noche con este sentido de lo absoluto. 

No es un estado, una cosa estática, fija, inamovible. 

Todo el universo está en ella, inmensurable para el hombre. 

Cuando regresó a Ojai en febrero de 1980, después que el cuerpo descansó un poco, surgió la percepción de que nada había más allá de esto. 

Esto es lo último, el comienzo y el fin y lo absoluto. Sólo existe un sentido de increíble vastedad y de inmensa belleza. 

VIDA Y MUERTE DE KRISHNAMURTI - ESCRITO POR MARY LUTYENS - 16 -

 16

 «Un diálogo con la muerte»

 Por los últimos años, K no había podido alojarse en Vasanta Vihar cuando se hallaba en Madrás, puesto que Rajagopal reclamaba el lugar como parte de los activos de la KWINC, de modo que se hospedaba con una dama india que vivía en las cercanías, en Greenways Road. (No fue sino hasta 1975 que Vasanta Vihar fue cedido a la Indian Foundation). 

K estaba ahora obligado a separarse de Madhavachari, mano derecha de Rajagopal, que continuaba siendo fiel a éste, según pudo comprobar. 

En ese invierno 1973-74, el Dr. T.K. Parchure, un médico indio del hospital que se encontraba en el complejo residencial de la escuela de Rajghat en Varanasi (como ahora se llama Benarés), comenzó a viajar con K cada vez que éste iba a la India; lo mismo hacia Parameshvaran, el cocinero jefe en el Valle de Rishi, quien había cuidado a K cuando estuvo al borde de la muerte en Kashmir en 1959. Además del hospital independiente en los terrenos de Rajghat, que provee a las necesidades de veinte poblados de los alrededores, hay un colegio para mujeres con un albergue adjunto, una granja y una escuela agrícola. La escuela misma tiene cerca de 300 niños y niñas, con edades que van de los siete a los dieciocho años. 

En el Valle de Rishi, hay también más que una escuela; hay un centro rural independiente donde se educan y reciben atención médica setenta niños de los pueblos adyacentes. 

Al hablar durante ese año a los maestros en el Valle de Rishi y en respuesta a la pregunta: «El sufrimiento, ¿no embota la mente?», K dijo algo que me impresionó con mucha fuerza cuando lo leí posteriormente: «Yo pensaría más bien que lo que embota la mente es la continuación del sufrimiento, no el impacto del sufrimiento... 

A menos que uno resuelva el sufrimiento de inmediato, es inevitable que embote la mente». En Madrás acababa de fundarse una escuela co-educacional diurna. 

Llamada simplemente «La Escuela», acomodaba a 112 niños con edades entre tres y doce años. K estaba ahora ansioso por abrir una escuela en Ojai sin aguardar por el arreglo con la KWINC. 

Se consultó a un arquitecto y se escogió a un Director, para consternación de los síndicos de la American Foundation que carecían de fondos y no disponían de un terreno para semejante aventura; pero K jamás permitió que consideraciones de esta naturaleza se interpusieran en el camino de lo que realmente quería hacer. 

Por suerte, antes de que se hubiera encontrado un terreno conveniente, en septiembre se llegó a un arreglo en el pleito con la KWINC. 

Mientras tanto, en mayo K había ido con Mary Zimbalist a San Diego, donde se grabó en video-color una serie de dieciocho diálogos sobre temas diferentes que K sostuvo con el Dr. Allan Anderson, Profesor de Educación Religiosa en el Colegio Estatal de San Diego (1) . 

Las últimas dos discusiones versaron sobre la meditación. 

En el curso de ellas, K recalcó tres veces que la meditación abarcaba «el campo total de la existencia» y que todo esfuerzo por meditar negaba la meditación. 

Uno de sus pasajes más bellos sobre la meditación surgió en una plática que había ofrecido unos años antes: La meditación es una de las artes más grandes que hay en la vida, tal vez la más grande, y uno no puede aprenderla de nadie. 

Esa es su belleza. 

Carece de técnica y, por lo tanto, de autoridad. 

Cuando uno aprende acerca de sí mismo, cuando se observa, cuando observa la manera en que camina, en que come, lo que dice, el chismorreo, el odio, los celos... si uno se da cuenta de todo eso en sí mismo sin opción alguna, eso forma parte de la meditación. 

De modo que la meditación puede tener lugar cuando uno está sentado en el autobús o mientras camina por el bosque lleno de luces y sombras o cuando escucha el canto de los pájaros o contempla el rostro de la esposa o del hijo (2) . Poco después de San Diego, K habló en Santa Mónica por última vez. En una de sus pláticas se le preguntó: «He estado escuchándole desde hace algún tiempo, pero no se ha producido ningún cambio. ¿Qué es lo que está mal?». A esto K contestó: ¿Será que no es usted serio? ¿Es que no le importa? ¿Es que tiene usted tantos problemas que está atrapado en ellos y no tiene ni el tiempo ni el ocio necesarios para detenerse y entonces jamás mira esa flor?... Señor, usted no ha dedicado su vida a ello. 

Estamos hablando de la vida, no de ideas, no de teorías, prácticas, tecnologías, sino que estamos considerando la totalidad de la vida, que es su vida. 

K le dijo a Mary en ese entonces que él tenía que vivir otros diez o quince años, porque todavía quedaba mucho por hacer. 

Su cuerpo, dijo, se estaba deteriorando (tenía setenta y nueve años), aunque «su cerebro estaba intacto». Ese verano, unas cuantas mañanas después de arribar al Chalet Tanneg, se despertó diciendo que «algo extraordinario le había sucedido, algo que se expandía para abarcar el universo». 

Esa misma mañana dictó a Mary 

(1) Estos videos, que pueden obtenerse en las tres Fundaciones, siguen siendo muy populares. (2) Freedom from the Known (Liberese del Pasado, Edic. Krishnamurti, 1970). 

una carta acerca de la nueva escuela en Ojai: «Tiene que dar origen a personas tan fundamentadas religiosamente, que puedan llevar consigo esa cualidad hagan lo que hagan, vayan donde vayan y cualquiera sea la profesión a que se dediquen». 

Hacía mucho calor en Gstaad, en la reunión de Saanen K se encontraba a menudo «muy lejos» y le dolía mucho la cabeza. 

Se había vuelto aún más sensible y no podía soportar que lo tocaran, pero tenía «maravillosas meditaciones». «Mi mente», dijo a Mary, «siente como si la hubieran lavado, está limpia, sana, y mucho más que eso; hay un sentido tremendo de júbilo, de éxtasis». 

En noviembre, volando sin acompañante a Delhi, K se encontró en el mismo avión que el Maharishi (Mahesh Yogi), quien vino a hablar con él radiante de alegría y llevando una flor en la mano. 

La aversión de K hacia los gurús y los sistemas de meditación, pronto puso punto final a la charla que sostenían. 

(K nos dijo más adelante que le hubiera gustado ver la hoja de Balance del Maharishi). 

El mismo mes de noviembre, en Rajghat alguien pidió a K que definiera su propia enseñanza. 

El respondió sorprendido: «¿Me lo pregunta a mí? ¿Usted me pregunta qué es la enseñanza? Yo mismo no lo sé. No puedo expresarlo en pocas palabras, ¿verdad? Pienso que la idea del que enseña y el enseñado es básicamente errónea, al menos lo es para mí. Creo que es una cuestión de compartir, más que de ser enseñado (1) . 

Deseando hacerle la misma pregunta cuando estaba escribiendo el segundo volumen de su biografía, formulé por escrito una breve declaración que comenzaba: «La esencia revolucionaria de la enseñanza de Krishnamurti...» y se la envié para que la aprobara. 

Como esperaba, la reescribió totalmente, conservando tan sólo la palabra «esencia». 

He aquí lo que él escribió: La esencia de la enseñanza de Krishnamurti está contenida en la declaración que él hizo en 1929 cuando dijo: «La Verdad es una tierra sin senderos». 

El hombre no puede llegar a ella a través de ninguna organización, de ningún credo, de ningún dogma, sacerdote o ritual, de ningún conocimiento filosófico ni de técnica psicológica alguna. 

Tiene que encontrar la verdad mediante el espejo de la relación, mediante la comprensión de los contenidos de la propia mente; por medio de la observación y no por el análisis intelectual o la disección introspectiva. 

El hombre ha construido internamente imágenes como una valla de seguridad: imágenes religiosas, políticas, personales. 

Estas se manifiestan como símbolos, ideas, creencias cuya carga domina el pensar humano, las relaciones y la vida cotidiana. 

Estas son las causas de nuestros problemas porque separan al hombre del hombre en todas sus relaciones. 

Su percepción de la vida está moldeada por los conceptos ya establecidos en su mente. 

El contenido de su conciencia es esta conciencia. 

Este contenido es común a toda la humanidad. 

La individualidad es el nombre, la forma y la cultura superficial que el hombre adquiere de su medio ambiente. 

La singularidad del individuo no radica en lo superficial sino en la total libertad con respecto al contenido de su conciencia. 

La libertad no es una reacción; la libertad no es una opción. 

Es jactancia del hombre creer que porque tiene poder de optar es libre. 

La libertad es observación pura sin dirección, sin el miedo que se esconde tras del castigo y la recompensa. 

La libertad está exenta de motivo; la libertad no se halla al final de la evolución del hombre sino en el primer paso de su existencia. 

En la observación uno comienza a descubrir la falta de libertad. 

La libertad se encuentra en la percepción directa y sin opciones de nuestra existencia diaria. El pensamiento es tiempo. 

El pensamiento nace de la experiencia, del conocimiento, que son inseparables del tiempo. 

El tiempo es el enemigo psicológico del hombre. 

Nuestra acción se basa en el conocimiento y, por lo tanto, en el tiempo; de modo que el hombre es siempre un esclavo del pasado. 

Cuando el hombre se dé cuenta del movimiento de su propia conciencia, verá la división entre el pensador y el pensamiento, el observador y lo observado, el experimentador y la experiencia.

Descubrirá que esta división es ilusoria. 

Sólo entonces hay observación pura que es discernimiento instantáneo sin sombra alguna del pasado 

Este discernimiento intemporal genera un cambio profundo y radical en la mente. 

La negación total es la esencia de lo positivo. 

Cuando negamos todas las cosas que no son el amor -cosas como el deseo, el placer-, entonces el amor está ahí con su compasión e inteligencia. 

Esto es más que una breve declaración, pero ¿podría ser expresado con mayor concisión o claridad?

 Quizás, en este resumen, no ha acentuado lo suficiente el concepto de la formación de imágenes. 

Todos formamos imágenes de nosotros mismos y de los demás, y estas imágenes son las que se encuentran, reaccionan y quedan lastimadas. 

Son estas imágenes las que interfieren con las relaciones verdaderas entre los seres humanos, aun con las más íntimas. 


Cuando regresó a Malibú desde la India en febrero de 1975, K fue por un día con Mary Zimbalist a echar una mirada a Arya Vihara y a la Cabaña de los Pinos que, desde el arreglo del litigio, habían pasado a ser propiedad de la American Foundation; también pasearon con los Lilliefelt por los terrenos vecinos a El Robledal en los que iba a construirse la escuela. 

Cuando K volvió dos semanas después, sintió que la atmósfera de la Cabaña, que le había repelido en la primera visita, ya había cambiado. 

El 11 de abril reanudó el Diario que había

 (1) Golden Jubilee Souvnir Book (Libro de Oro Conmemorativo), Krishnamurti Foundation India, 1979). 

comenzado en Brockwood en l973 y continuó escribiendo en él todos los días por las siguientes tres semanas. 

El 12 de abril, un hermoso día sin nubes, K ofreció la primera de cuatro pláticas en El Robledal, donde no había hablado desde octubre de 1966. 

Cuando K y Mary vinieron otra vez a Brockwood en mayo, llevé conmigo un ejemplar adelantado del primer volumen de su biografía, un relato de su vida hasta la disolución de la Orden de la Estrella. 

Naturalmente, lo primero que miró fueron las ilustraciones, fijando por mucho tiempo la mirada en las fotos de Nitya. 

Después me preguntó cómo impresionaría el libro a un completo extraño; ¿qué pensaría del libro «un común corredor de bolsa?» Yo sólo pude contestar que no imaginaba como probable que «un común corredor de bolsa» lo leyera. 

Sin embargo, a juzgar por los comentarios, la extraña historia pareció fascinar a muchísima gente que una no hubiera esperado que se interesara en absoluto, y las innumerables cartas que recibí mostraron que el libro había ayudado a docenas de personas para una mejor comprensión de K, aunque significó un gran choque para algunos que no tenían ni idea de su educación teosófica. 

Cuando Mary Zimbalist, después de leerlo, le preguntó por qué, si los Maestros existían, habían hablado entonces pero no ahora, él sugirió: «No hay necesidad ahora que el Señor está aquí». 

Uno tendría que haber escuchado el tono de su voz para saber si ésta fue una respuesta seria o no. 

El octogésimo cumpleaños de K caía el 11 o 12 de mayo. 

El día 11, el Dr. Parchure llegó a Brockwood procedente de la India para quedarse varias semanas en Europa verificando el estado de salud de K. A mediados de mes estuvo ahí el Dr. David Bohm y sostuvo con K cuatro de las que iban a ser doce conversaciones. 

Bohm acababa de leer la biografía y le preguntó a K si había existido para él un momento particular de cambio. 

K dijo que no; el sufrimiento físico durante «el proceso» lo había hecho más sensible, y lo mismo había ocurrido con el sufrimiento ante la muerte del hermano, pero «al enfrentarse plenamente al sufrimiento, éste no había dejado huellas». 

Ese año K dedicó una de sus pláticas en las reuniones de Saanen, a lo que él llamaba «un asunto muy serio»: ¿Puede uno estar totalmente libre del miedo psicológico? «Si uno ha de estar libre del miedo», señaló, «tiene que estar libre del tiempo. 

Si no hubiera tiempo, uno no tendría miedo. 

No sé si ustedes ven eso. 

Si no hay mañana, sólo el ahora, el miedo como movimiento del pensar toca a su fin». 

El miedo surge del deseo de seguridad: «Si hay completa seguridad psicológica, no hay miedo», pero nunca puede haber seguridad psicológica «si uno está ansiando, deseando, buscando, deviniendo». 

Y proseguía: ... el pensamiento siempre está tratando de encontrar un lugar donde pueda residir, residir en el sentido de adueñarse. 

Al ser fragmentario, lo que el pensamiento crea es la total inseguridad. 

Por lo tanto, la completa seguridad está en ser absolutamente nada, lo cual significa no ser ninguna cosa (1) creada por el pensamiento. 

Ser absolutamente nada implica una contradicción total con respecto a todo lo que ustedes han aprendido... ¿Saben lo que significa «ser nada»? Nada de ambición -lo cual no quiere decir que vegeten-, nada de agresión ni resistencia ni barreras levantadas por las heridas psicológicas... La seguridad que ha creado el pensamiento es la no seguridad. Esta es una verdad absoluta. 

Habían persuadido a K de no ir a la India ese invierno debido al estado de emergencia declarado en junio por Mrs. Gandhi, durante el cual nada podía publicarse ni decirse públicamente sin someterlo al Comité de Censura. 

Lo último que K estaba dispuesto a hacer, era suavizar sus denuncias contra toda autoridad y tiranía. 

No tenía sentido ir a la India si no iba a hablar, y existía un peligro real de que lo encarcelaran si hablaba. 

Por lo tanto, después de las reuniones de Brockwood, K regresó a Malibú y pasó todos los fines de semana en la Cabaña de los Pinos para hablar con los padres y maestros de la futura escuela de El Robledal. 

Aunque el estado de emergencia decretado por Mrs. Gandhi seguía en vigor durante el invierno siguiente, K decidió viajar a la India después de recibir por parte de Pupul Jayakar, la más íntima amiga de Mrs. Gandhi, la garantía de que en sus pláticas se le permitiría decir lo que quisiera. 

Se hospedó en Nueva Delhi con Pupul, quien ahora vivía en la misma calle que Mrs. Gandhi y, al poco tiempo de su arribo, tuvo con esta última una larga charla privada. 

Una no puede menos que preguntarse si hubo alguna relación entre esta charla y la decisión de Mrs. Gandhi de llamar a elecciones generales en 1977. 

K mismo pensaba que pudo haberla habido. 

A solicitud de K, en marzo de 1977 se reunieron en Ojai representantes de las Fundaciones Krishnamurti. 

Él deseaba ahora que el mayor número posible de ellos le acompañara todo el tiempo. 

Deseaba particularmente que los norteamericanos y europeos, que nunca habían estado en la India, se encontraran allí con él en los próximos años. 

Estaba convencido de que, cuanto más se vieran esas personas, tanto más afecto llegaría a haber entre ellas y más cerca se sentirían unas de otras. 

La competencia y los celos eran tan ajenos a él, que jamás los entendió realmente en otros. 

En una de las reuniones de síndicos que hubo en Ojai, dijo: «Si la gente viniera aquí y preguntara: ‘¿Cómo era vivir con este hombre?’, ¿serían ustedes capaces de comunicarlo? Si algunos de los

 (1) En inglés, "nada” es nothing y "ninguna cosa" es not a thing lo cual permite esta analogía etimológica. [N. del T.] 

discípulos del Buda vivieran, ¿no viajaría uno a los confines de la tierra para verlos, para descubrir a través de ellos lo que había sido vivir en su presencia?» Esta mención del Buda y sus discípulos fue lo más cerca que K estuvo nunca de relacionarse a sí mismo con el Buda; sin embargo, es difícil dar a entender a alguien que no le haya conocido bien, que esta comparación fue hecha sin que K se diera a sí mismo ninguna importancia. 

Cuando el yo está ausente, no puede haber vanidad. «Este hombre» del que hablaba K, no era su propia persona. 

A pesar de todo, ¿cómo concilia uno esto con su constante reiteración de que nadie tenía autoridad alguna para representarlo después de su muerte y de que la relación gurú-discípulo era una abominación? ¿No es esto bastante sencillo? Al pedir a los síndicos que le acompañaran tanto como fuera posible, seguramente esperaba que, al menos a uno o dos de ellos, les fuera concedida la profundidad de percepción necesaria para producir internamente una total transformación psicológica que los liberara tanto de él mismo como de todas las otras muletas. 

Esto es muy diferente del culto, que los discípulos rinden al gurú. 

Si cualquiera alega alguna vez autoridad para hablar por K, uno sabrá que él o ella no se ha transformado. 

Se había decidido para entonces que Mary vendiera su casa de Malibú y se construyera un anexo a la Cabaña de los Pinos, que volvería a poder de la American Foundation cuando ella muriera.

 En la Cabaña de los Pinos K estaría cerca de la escuela, mientras que la casa de Malibú se hallaba a unas setenta millas de Ojai. 

El 9 de mayo, K tuvo que someterse a una operación de próstata en el Centro Médico Cedars-Sinaí, de Los Ángeles. 

Avisó de antemano a Mary que ella debía estar muy atenta y no dejar que él «se saliera de sí», y que también debía recordarle a él mismo que estuviera atento, de lo contrario, después de «cincuenta y dos años [de hablar en público] él podría sentir que ya era suficiente». 

Le dijo que «siempre había vivido con una línea divisoria muy delgada entre el vivir y el morir». 

Encontraba más fácil morir que seguir viviendo. 

Unos quince días antes de la operación, K había ido al hospital a fin de dar casi medio litro de su propia sangre para el caso de que se necesitara una transmisión. 

Rechazó la anestesia general, convencido de que podría ser demasiado para «el cuerpo». 

K siempre tuvo esta sensación de completo desapego entre él y su cuerpo. 

Cuando llegó el día, Mary fue con él y permaneció en la sala contigua. 

Al llegar, K recorrió las dos salas tocando las paredes, algo que siempre hacía en todo lugar nuevo que ocupaba; esta vez, evidentemente, también lo hizo por Mary. 

Jamás se reveló el motivo por el que hacía esto. 

Parece haber sido un medio de purificar, de disipar alguna influencia extraña, aunque no necesariamente maligna, y llenar el lugar con su propia influencia. 

Mary pidió al anestesista que hablara con K durante la operación a fin de mantenerlo alerta de modo que no se «saliera de sí». 

Después de dos horas lo trajeron en camilla de vuelta a su cuarto, lucía muy animado y pidió una novela policial para leer, pero en la noche sintió grandes dolores. 

Le administraron una dosis para niños de un fuerte calmante, pero tuvieron que suspendérsela porque le ocasionaba vértigos y náuseas. 

Se «salió de sí» por cerca de una hora y hablaba de Nitya, y más tarde tuvo lo que él llamó «un diálogo con la muerte». 

Al día siguiente, dictó a Mary un relato de esta experiencia: Fue una operación corta y no vale la pena hablar de ella, aunque hubo bastante dolor. 

Mientras el dolor continuaba, vi o descubrí que el cuerpo estaba casi flotando en el aire. 

Puede haber sido una ilusión, alguna clase de alucinación, pero pocos minutos después hubo una personificación; no una persona, sino la personificación de la muerte. 

Al observar este fenómeno peculiar entre el cuerpo y la muerte, parecía haber entre ellos una especie de diálogo. 

La muerte parecía estar hablándole al cuerpo con gran insistencia y el cuerpo se mostraba renuente a conceder lo que la muerte deseaba. 

A pesar de que había gente en la sala, este fenómeno continuaba: la muerte invitando, el cuerpo rehusando. 

No era un miedo a la muerte lo que hacía que el cuerpo se negara a las exigencias de ésta, sino que el cuerpo se daba cuenta de que no era responsable por sí mismo, de que había otra entidad que era la dominante, mucho más fuerte, más vital que la muerte misma. 

La muerte seguía exigiendo más y más, seguía insistiendo, de modo que intervino la otra entidad.

Entonces hubo una conversación o un diálogo no sólo del cuerpo, sino de esta otra entidad con la muerte. 

Por lo tanto, había tres entidades conversando. 

Él había prevenido, antes de ir al hospital, que quizás hubiera una disociación con el cuerpo y así la muerte podría intervenir. 

Aunque la persona [Mary] estaba allí sentada y la enfermera iba y venía, esto no era una ilusión o algún tipo de alucinación. 

Acostado en la cama veía las nubes cargadas de lluvia, la ventana iluminada y la ciudad extendiéndose abajo por millas y millas. La lluvia salpicaba los cristales de las ventanas y él veía claramente la solución salina vertiéndose, gota a gota, en el organismo; sentía con mucha fuerza y claridad que, si la otra entidad no hubiera interferido, la muerte habría triunfado. 

Este diálogo comenzó en palabras, con el pensamiento operando muy claramente. Había truenos y relámpagos y la conversación proseguía. 

Puesto que no había temor en absoluto, ni de parte del cuerpo ni de la otra entidad, absoluta ausencia de temor, la conversación podía desarrollarse libre y profundamente. 

Siempre es difícil expresar en palabras una conversación de esa índole. 

Extrañamente, como no había temor, la muerte no encadenaba la mente a las cosas del pasado. 

Lo que surgía de la conversación era muy claro. 

El cuerpo experimentaba un dolor considerable pero sin aprensión ni ansiedad, y la otra entidad estaba visiblemente más allá del cuerpo y de la muerte. 

Era como un árbitro actuando en un juego peligroso del cual el cuerpo no era del todo consciente. 

Al parecer, la muerte siempre está presente, pero uno no puede invitar a la muerte. 

Eso sería suicidio, algo completamente absurdo. 

Durante esta conversación no había sentido del tiempo. 

Es probable que todo el diálogo durara cerca de una hora, pero el tiempo del reloj no existía. 

Las palabras cesaron, pero había una percepción instantánea de lo que cada uno estaba diciendo. 

Por supuesto, si uno está apegado a algo, ideas, creencias, propiedades o personas, la muerte no vendrá a conversar con uno. 

La muerte en el sentido del fin, es libertad absoluta. 

La calidad de la conversación era cortés. 

No había nada de sentimiento, extravagancia emocional ni distorsión del hecho absoluto que es la cesación del tiempo y la vastedad sin límites que existe cuando la muerte forma parte de nuestra vida cotidiana. 

Había una sensación de que el cuerpo continuaría por muchos años, pero que la muerte y la otra entidad siempre marcharían juntas hasta que el organismo ya no pudiera seguir activo. 

Había un gran sentido de humor entre los tres y uno casi podía escuchar la risa. 

Y la belleza de ello estaba con las nubes y la lluvia. 

El sonido de esta conversación se expandía infinitamente, y el sonido era el mismo en el comienzo y no tenía fin. 

Era un canto sin principio ni final. 

La muerte y la vida están muy íntimamente unidas, como el amor y la muerte. 

Tal como el amor no es un recuerdo, así la muerte no tiene pasado. 

El miedo no participó en ningún momento en esta conversación, porque el miedo es oscuridad y la muerte es luz. 

Este diálogo no fue ilusión ni fantasía. 

Era como un susurro en el viento, pero el susurro era muy claro y, si usted escuchara, podría oírlo; entonces podría ser parte de ello. 

Entonces juntos podríamos participar de ello. 

Pero uno no lo escuchará si está demasiado identificado con su propio cuerpo, sus propios pensamientos y sus propias tendencias. 

Uno tiene que abandonar todo esto para entrar en la luz y el amor de la muerte. 

Ese verano, lo único que agregó K a su programa habitual, fue que antes de volar a la India en noviembre, fue con Mary a la clínica Janker en Bonn por tres noches a fin de consultar al Dr. Scheef.

Varios exámenes mostraron, según el médico, que K estaba «fantástico» para su edad. Algunos síndicos de las Fundaciones inglesa y norteamericana se reunieron con K en Madrás a comienzos de 1978 y luego fueron con él al Valle de Rishi, donde se habían producido algunos cambios en la escuela. G. Narayan, el hijo mayor del hermano mayor de K, era ahora el director después de la renuncia del Dr. Balasundaram. 

Narayan había estado enseñando por veinticinco años, primero en el Valle de Rishi y después en una escuela Rudolph Steiner de Inglaterra. 

Su esposa había sido profesora en Brockwood casi desde los comienzos y la única hija de ambos, Natacha, era alumna en Brockwood. 

K no tomaba en cuenta sus lazos de sangre con Narayan y no parecía ni más ni menos cariñoso con Natacha que con cualquier otra niña brillante. 

Amaba a todos los niños y a la mayoría de los jóvenes. 

Los alumnos del Valle de Rishi habían sido alentados para que fueran a Brockwood por un tiempo; ahora K estaba cuestionando la prudencia de esto. 

Era muy fácil ser corrompido por el Occidente. 

El joven de la India todavía revelaba respeto por sus mayores y mostraba ansias de aprender, considerando la educación como un privilegio. 

Cuando K regresó a Ojai, el anexo a la Cabaña de los Pinos estaba terminado y él y Mary se mudaron allí. 

Para Mary había sido difícil renunciar a su hermosa casa en Malibú, que K también echó de menos, pero ella había transformado la Cabaña de los Pinos en una casa igualmente hermosa, manteniendo intacta la parte donde K dormía y uniéndola al anexo mediante un corredor. 

K y Mary llegaron ambos a amar esta nueva casa. K disfrutaba puliendo la olla eléctrica y la mesa de la cocina, tal como lo hacía en el ala occidental de Brockwood, y ayudando a crear un pequeño jardín.

Siempre le gustó regar las plantas y solía tratar de ayudar en la casa llevando su bandeja de desayuno a la cocina y apilando y sacando los platos del lavaplatos. 

Temía que Mary se agotara, tanto en Ojai como en Brockwood. 

Ella actuaba como su secretaria y chofer, hacía todas las compras y lavaba y planchaba su ropa. 

Cuando Mary regresaba con las cestas de comestibles, él estaba ansioso por ver lo que había comprado.

Sin embargo, jamás permitió que nadie hiciera sus maletas, de lo cual se enorgullecía. 

En los años en que Mary no fue con él a la India, se tomó un descanso de tres meses en California. 

En junio, durante su viaje a Gstaad, K fue nuevamente con Mary a la Clínica Janker, de Bonn, donde todos los exámenes que se le hicieron resultaron satisfactorios. 

Al regresar a Brockwood en septiembre después de la reunión de Saanen, K comenzó a dictarle quincenalmente a Mary cartas dirigidas a las escuelas, y continuo haciéndolo hasta marzo de 1980; en total, treinta y siete cartas de unas tres páginas cada una. 

La mayor parte dictadas en tandas pero enviadas cada quince días, estas cartas llevaban la fecha de su despacho, no la del día en que fueron dictadas (1) . 

Era un medio de mantenerse en contacto con todas las escuelas. 

En su primera carta, 

(1) Cartas a las Escuelas, Edhasa, 1984.

 declaraba claramente cuál era su intención con respecto a las mismas: «Ellas han de interesarse en el cultivo del ser humano total. 

Estos centros educativos deben ayudar a los estudiantes y educadores a florecer con naturalidad». 

Y en una carta posterior: «Es el interés de estas escuelas dar origen a una nueva generación de seres humanos libres de la acción egocéntrica. 

Ningún otro centro educacional se interesa en esto y, como educadores, es nuestra responsabilidad producir una mente que no tenga en sí conflicto alguno». 

Una copia de cada carta se entregó a cada maestro y alumno. 

Lo que K esperaba que hicieran los maestros, parecía imposible: ver que el miedo no surgiera en los estudiantes bajo ninguna de sus formas (y para esto era indispensable que los maestros descubrieran las raíces de su propio miedo) y ayudar al estudiante para que «nunca se sienta psicológicamente lastimado, no sólo mientras forma parte de la escuela sino a lo largo de toda su vida». 

La competencia era uno de los mayores males de la educación: «Cuando en su escuela usted compara a B con A, los está destruyendo a ambos». 

K reiteraba en estas cartas que la enseñanza era la más alta de las vocaciones y que «las Escuelas existen principalmente para producir una transformación profunda en los seres humanos». 

También examinaba a fondo la diferencia que existe entre el aprender y la acumulación de conocimientos; esta última sólo embota la mente: «Conocer no es saber, y la comprensión de este hecho, o sea, que el conocimiento jamás podrá resolver nuestros problemas humanos, es inteligencia». En un libro publicado al año siguiente, K explicaba qué entendía él por la frase: «no ser psicológicamente lastimado jamás». 

Había estado explayándose sobre el «vivir con el dolor» y continuaba: Estamos viendo el hecho, «lo que es», que es el sufrimiento... Yo sufro y la mente hace todo lo que puede para escapar de ello... Por lo tanto, no escapen del dolor, lo cual no implica que se vuelvan morbosos. Vivan con el dolor... ¿Qué ocurre? Observen. La mente es muy clara, muy aguda. 

Se está enfrentando al hecho. 

El sufrimiento mismo transformado en pasión es algo inmenso. 

De ello surge una mente que nunca puede ser lastimada. 

Punto final. 

Ese es el secreto (1) . 

En su carta a las escuelas fechada el 1º de mayo de 1979, K empezaba un párrafo diciendo: «Dios es desorden». Si uno continúa leyendo, su significado se vuelve perfectamente claro: «Considere los innumerables dioses que el hombre ha inventado... y observe la confusión que todo esto ha creado en el mundo, las guerras que ha ocasionado». Los padres de una alumna de Brockwood que llevó esta carta a su casa en las vacaciones, leyeron la declaración desnuda «Dios es desorden» y se sintieron tan enfurecidos que pensaron en retirar a la niña de la escuela. 

Muchas declaraciones francas, semejantes confundían a la gente: «Los ideales son cosas crueles». (Esto tiene el mismo significado que «Dios es desorden»); «No existe tal cosa como un amor desdichado»; «Si ustedes amaran realmente a sus hijos, no habría guerras»; «Todo pensamiento corrompe» o «es corrupción». 

El último es el único que resulta difícil explicárselo a uno mismo. 

K lo explicó detalladamente en sus pláticas. 

En una de ellas, por ejemplo, dijo: «Estamos empleando la palabra ‘mente’ para implicar los sentidos, la capacidad del pensar y el cerebro que atesora todos los recuerdos como experiencia, como conocimiento... 

El conocimiento corrompe la mente. 

El conocimiento es el movimiento del pasado, y cuando el pasado domina el presente, tiene lugar la corrupción... 

Usamos la palabra ‘corrupción’ para significar aquello que está fragmentado, que no se considera como una totalidad»

(2) . En octubre de 1978, Mary Zimbalist fue con K a la India y más tarde, ese mismo año, varios miembros de las Fundaciones inglesa y norteamericana se reunieron nuevamente con K y los síndicos de la Indian Foundation en Madrás. 

El 8 de enero de 1979, Mrs. Gandhi vino a Vasanta Vihar para ver a K. 

En diciembre, la habían puesto en prisión por cuatro días, lo cual había causado revueltas en muchas partes de la India. 

Era evidente que hablar con K significaba mucho para ella. 

El recibió la impresión de que era una mujer muy desdichada que «jamás podría apearse del tigre», como K lo expresó. 

Otra escuela Krishnamurti, la última de las escuelas en la India, se había inaugurado ese verano en un valle que estaba a diez millas del centro de Bangalore. 

La construcción y el terreno de cien acres fueron posibles gracias a la donación de un hombre. Llamada «Valley School» (la Escuela del Valle), es una escuela co-educacional diurna e internado para más de cien niños con edades entre los seis y los trece años. 

K la visitó antes de partir para la India. (1) Más allá del Pensamiento, Edhasa, 1982. 2 EFB. Nº 42, 1982.